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martes, 20 de abril de 2010

Los malentendidos

Padres e hijos tienen diferentes experiencias de la vida, lo que les lleva a pensar de forma completamente distinta. Los malentendidos, confusiones y discusiones son comunes desde que el niño sabe hablar hasta la adolescencia, en la que se hacen más habituales. No es fácil comunicarse con alguien que tiene la cabeza llena de cosas tan desiguales a las de los padres.
Madrid | Noviembre 2009 | Jorge Reyes



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Hija:¿Qué tal me sienta?
Madre: Debías probarte una talla mayor...
Hija: ¡O sea, que estoy como un vaca...!
Madre: No, mujer...te quedará menos ajustado...
Hija: No lo quiero, total, siempre pasas de comprame lo que me gusta


A muchos de vosotros os suena esta situación ¿verdad? Probablemente la habréis vivido en más de una ocasión con vuestros hijos (sobre todo si son adolescentes). Se trata de un ejemplo de Deborah Tannen, una de las mayores especialistas en comunicación, en el que, sin duda, no se eligió el mejor momento para la conversación. Esta lingüista, profesora de la Universidad de Georgetown, ha desarrollado una serie de investigaciones dentro de lo que ella llama la sociolinguística con las que pretende estudiar las bases del lenguaje en la interacción con los demás y su diversidad. Dentro de estos estudios que toman sobre todo el lenguaje como instrumento de relación social, ha observado el fenómeno de los malentendidos, tan frecuentes entre sujetos de la misma edad, y tan inevitables entre padres e hijos. Los malentendidos están muy relacionados con lo que Deborah Tannen ha denominado “estilo conversacional”. Conversar no implica sólo intercambiar una serie de datos, sino también asumir un rol respecto a la persona que tienes delante. Esto se hace muy evidente en las conversaciones entre padres e hijos donde estos últimos, a menudo, asumen un rol de víctima frente al padre y “filtran” todo lo que éste le dice a través de ese rol.

“¡No le comprendo!”, “¡No hay quien le entienda!”, “¡No sé cómo comunicarme con él!”. Estas frases son el día a día de muchos padres, sobre todo con hijos adolescentes. Los problemas en la comunicación son una de las mayores quejas por parte de los padres, junto con los problemas de disciplina, que en muchas ocasiones están estrechamente conectados.

Al igual que entre hombres y mujeres existen malentendidos, y estos han sido muy estudiados, es importante estudiar los malentendidos entre padres e hijos. A veces los padres nos dicen que los adolescentes hablan su propio lenguaje, su propia jerga. Pero no todo es cuestión de jerga, no todo es cuestión de que usen unas palabras que nos cuesta comprender, también es cuestión de conocer su mundo, de entender sus inseguridades, sus debilidades. Ello nos ayudará a comunicarnos mejor. Por ejemplo, los adolescentes suelen tener un estilo de pensamiento muy dicotómico: todo es horrible o es maravilloso. Si conocemos eso podremos saber que cuando hablan de que alguien es “el amor de su vida” o que es una “tragedia” no ir a tal fiesta e intentamos hacerles ver que es “ridícula” esa actitud, lo único que conseguimos es un desencuentro, porque él interpretará que estamos riéndonos de sus emociones o de las cosas que para él son importantes. Pero si antes de contestar pensamos que, aunque a nosotros nos parezca excesiva toda esta reacción, es un adolescente y en “su mundo” las cosas suelen ocurrir en “blanco y negro”, podremos llevar la conversación por otros derroteros y llegar a un acuerdo. Os ofrecemos, a continuación, algunos consejos para conversar de forma más eficaz con vuestros hijos adolescentes y así evitar los conflictos:


Pon énfasis en la comunicación no verbal. Es importante que acompañemos nuestras intervenciones con gestos, miradas, sonrisas… La mayor parte de la información no se saca de las palabras que escuchamos sino del tono con el que se dicen, de la expresión del rostro del que las dice. Si tenemos cuidado y usamos bien el lenguaje no verbal evitaremos malentendidos con nuestros hijos.
Empatiza con tu hijo y házselo saber. Muchas veces los adolescentes cuando nos cuentan sus preocupaciones no es para que les digamos cómo resolver la situación; ellos ya saben hacerlo en muchos momentos. Lo hacen para sentirse escuchados y comprendidos. Una actitud empática y una escucha activa sin consejos precipitados favorece mucho esta situación.
No intentes comunicarte con él si está muy alterado. En esos momentos lo mejor es cortar la comunicación y darle un tiempo para que pueda gestionar él mismo su ansiedad, su enfado… De otra forma el adolescente nos “arrastrará” a su estado emocional y nos será más difícil ayudarle.


Los problemas de comunicación nos afectan en todos los momentos de nuestra vida, pero debemos estar especialmente alerta con nuestros hijos adolescentes, ya que su forma de recibir la información puede producir unos cambios de comportamiento y de relación con los demás no deseados.

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