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martes, 15 de diciembre de 2009

Un cerebro y dos modos de pensar: Hemisferio izquierdo-Hemisferio derecho

Sabia por sí misma, la naturaleza ha recreado una realidad que es esencia de ella misma, inherente en su existencia y manifestación que al ser aprehendida: se vivencía y comprende como una y única en sí. Nosotros no estamos fuera de esta bienaventuranza, somos parte de la naturaleza y por lo mismo "somos naturaleza".

El hombre moderno busca la deificación en el exterior y por lo mismo crea un sinnúmero de seres extraordinarios que poseen cualidades y características sobrenaturales, que al ser veneradas y venerados, uno adquiere parte de ellas o se llega a ser como él, alcanzando aquel paraíso perdido. Tenemos entonces: por un lado al Ser y por el otro, sus cualidades; pero ¿cómo podemos entrar en contacto con ambas?, ¿será cierto que sólo en el exterior podemos encontrar el camino? y por último, ¿si debemos mirar hacía nosotros cómo lo debemos hacer?.

Considero que nosotros mismos somos una deidad viviente, ya que poseemos la esencia natural y además tenemos cualidades y características tanto individuales como universales; somos integridad y totalidad: somos Uno. Sin embargo, lo hemos olvidado, ya no sabemos quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos; hemos perdido el camino teniéndolo enfrente, esporádicamente nos vemos como seres vivientes; estamos casi indefensos en un mundo que nos devora paso a paso; tan sólo nos queda la esperanza, un suspiro, un punto luminoso, una rendija de la gran puerta que espera ser abierta para siempre.

Ese gran monstruo que nos dice "no busques adentro, busca a fuera", tiene que ser derrotado si queremos alcanzar la autorrealización, si queremos alcanzarnos y desarrollarnos completamente. En el pasado se brindaron los cristales a través de los cuales se creía poder conocer la realidad en su totalidad, y nos fueron de mucha utilidad; sólo que en la actualidad ya no son funcionales, posiblemente sí, porque es la dinámica del mundo, pero no del hombre, éste necesita de otra conducción, propia de sí mismo, que nos lleve a una integración totalizadora y holística, desde el percibir hasta la creación.

Es momento de reconstruir el paradigma y sus influencias, la forma en que vemos la realidad: percibir, entender y comprender. Si el paradigma implica una mirada al exterior y posteriormente su interiorización, el cambio de uno conllevará el cambio en el otro, y es aquí donde al hombre le corresponde adquirir plena Conciencia, de lo que le corresponde hacer, darse cuenta de su esencia natural y crear las condiciones que lo lleven hasta ella. Esto implica hablar a nivel humano de niveles de conciencia e inconciencia, como modos de percepción de la realidad. Anteriormente señalamos que si existen uno o muchos paradigmas; una o muchas realidades y uno o muchos hombres, por lo tanto, hay pues en cada hombre una realidad.

La problemática que se plantea es la siguiente: ¿a qué responde el proceso a través del cual se crea la realidad? Se puede suponer que la respuesta se encamina al hombre mismo, o en su caso, al mundo creado por él. Pero también se puede concluir que el proceso o bien puede responder a un paradigma de conocimiento objetivo o a uno subjetivo, de esta forma tenemos que en Occidente es una, y en Oriente y Mesoamérica es otra, así hemos visto que en el modo de pensar y ser de la humanidad existen dos vertientes; una con dirección de la objetividad y otra hacia la subjetividad.

Conocer y comprender la realidad tiene que ser de una manera integrada y humana, llena de sabiduría, por lo que no basta con pensar y usar la inteligencia, como se ha hecho en el occidente objetivo; también y recuperando las enseñanzas orientales y mesoamericanas, debemos aprender a sentirla y vivenciarla subjetivamente. El ser humano es un "Yo" individual -interno y externo-, integración de dos cualidades que Hudson refiere como dos "yoes": la mente "objetiva" y la "mente subjetiva"; la primera se refiere al contacto con el mundo exterior; y la segunda se relaciona con el interior del hombre; en la actualidad, a estos dos "yoes" la fisiología moderna los considera como los hemisferios cerebrales izquierdo y derecho menciona Wilson (1986).

Aquí es de importancia hacer una aclaración pertinente, si bien en Occidente domina lo objetivo y en Oriente y Mesoamérica lo subjetivo, esto no quiere decir que no se dé la otra, sí existe la cualidad complementaria, sólo que predomina más el monopolio de una de las dos, dando como resultado las dos grandes separaciones en las formas de percibir y vivenciar la realidad y todo cuanto realiza el ser humano; el camino será entonces buscar la integración de ambas.

Bajo las premisas de conocimiento se determina cómo el hombre deberá ser y comportarse, incluso cómo desarrollarse y ser formado, por lo que tenemos que en Occidente se estimula más el desarrollo y uso del hemisferio izquierdo y en Oriente y Mesoamérica el desarrollo y uso del hemisferio derecho.

Expuestas algunas ideas se puede hacer la relación siguiente: para la visión occidental domina el pensamiento, la racionalización y la objetividad, principalmente la conciencia o en pocas palabras el hemisferio izquierdo que divide, clasifica las experiencias en buenas o malas, fáciles o difíciles, cuerdas o locas, reflexiona, se ubica sólo en los extremos. El mundo oriental balancea en mayor medida los extremos: la sensación, la intuición, la subjetividad y el inconsciente o hemisferio derecho. Como señalamos anteriormente, no queremos decir con ello, que todos los hombres de Occidente son racionales o por el contrario que en Oriente y Mesoamérica, todos son intuitivos. En ambos modos existe gente o más racional o más intuitiva, lo que esclarece que se comienza a dar que mientras occidente busca afanosamente en oriente, éste comienza a abrir los ojos a occidente -la desilusión sería que ambos se quedaran en lo nuevo y no apareciera la integración-.

El hombre es y por siempre, un ser integrado por dos polaridades; uno, el mundo interno y la otra, el mundo externo. Ambos pueden proporcionar al ser humano los recursos indispensables para satisfacer sus necesidades; es decir, el mundo externo representado por la conciencia y el mundo interno representado por el inconsciente, por medio de su integración darán equilibrio en su totalidad. Al considerar al hombre como una entidad polar, podemos determinar entonces, que hasta hoy ha dominado una parte de él y es el momento de dejar salir a la otra; a esa parte intuitiva, imaginativa, diseñadora, artística; aprehender a conocer con otros ojos, la misma realidad.

La realidad al ser una construcción personal y social compartida e interiorizada, nos lleva a actuar de determinada manera influyendo sobre el exterior. Hemos crecido regidos por una visión de realidad y con la seguridad de que es así, una sola forma de construir realidad; sin embargo, dentro de nosotros existen dos formas de construir la realidad, que derivan del distinto funcionamiento de nuestros dos cerebros (dualidad natural desintegrada en la actualidad).

El gran desacierto o acierto de la ciencia positivista es que para conocer el funcionamiento del cerebro aísla y separa de la integridad todo cuanto intenta conocer, de esta forma se dan dos posibilidades: la primera es que se pierde la posibilidad de comprender ampliamente su funcionamiento, y segundo, gracias a ésta división se conoce más específicamente de su funcionamiento. Señalamos nuevamente que la idea es integrar ambas, no que si se está de un lado ahora se tenga que pasar al otro, porque se iniciaría nuevamente un monopolio. Son dos modos de aprehender el mundo aquí y ahora e incluso dentro de una atemporalidad espacial, ya que se encuentran condicionados, por una cosmovisión muy particular, vemos entonces que lo exterior si influye en el desarrollo del hombre.

Según Robles (1990) la realidad es que tenemos dos universos peculiares, dos cerebros que a lo largo de la vida viven colaborando en el mismo cráneo: Gracias a la asimetría cerebral, la interacción entre los dos cerebros es en forma comunicada. Son dos formas de registro, de aprehender el mundo, en los cuales se cotejan distintos aspectos ante un mismo fenómeno. En neurofisiología, se clasifica al cerebro donde se producen los aspectos verbales más complejos, y que es el mismo que dirige la mano "más hábil", como hemisferio o cerebro dominante, y al otro como menor o subdominante. Por lo regular se considera: cerebro izquierdo (lenguaje), dominante y cerebro derecho (tono emocional y matiz), menor o subdominante.

De acuerdo a Robles (1990), Abia (1993), Morales (1991), Gonzales (1991) y Moore (1986); estas son las actividades a través de las cuales cada cerebro dirige el proceso de conocer e interpretar la realidad. Aquí podemos ver que existen dos modos de pensar, representados por el hemisferio o cerebro izquierdo y el hemisferio o cerebro derecho; sin embargo, la ciencia, la medicina, la psicología, la educación y la sociedad moderna, tienden a desechar las funciones particulares del hemisferio derecho, por una unilateralidad glorificada por el cerebro izquierdo.

Por consiguiente el cerebro derecho maneja los aspectos emocionales, la atención difusa, el pensamiento totalizador, el procesamiento de información simultánea y todo ello dentro de una atemporalidad, es no verbal con lenguaje analógico; es decir, trabaja con analogía transmitiendo información con las siguientes manifestaciones: actitudes corporales, expresión de la cara, tono y matiz de la voz, sensaciones corporales e imágenes, emotividad y afecto (Robles, 1990).
Dentro de esta relación el cerebro derecho tiene dificultad para expresar en palabras las emociones, ante lo cual se encarga el izquierdo, y al cerebro izquierdo se le dificulta interpretar las emociones, y aquí surge el hemisferio derecho. Podemos ver así que y aunque cada hemisferio tiene funciones específicas, ambos trabajan conjunta e integradamente. Esta dinámica se ve reflejada particularmente en la niñez y la edad adulta, para el niño es más fácil imaginar y difícil intelectualizar; y por el contrario, el adulto intelectualiza continuamente, pero ha olvidado imaginar, así tenemos que: en la infancia predomina el cerebro derecho y en la adultez el cerebro izquierdo.

El hemisferio izquierdo al ser analítico, lineal y secuencial se especializa en reconocer las partes separándolas aún constituyendo un conjunto, es eficiente para procesar información verbal y para codificar y decodificar el habla. Por el contrario, El hemisferio derecho combina esas partes para crear un todo: se dedica a la síntesis. Se especializa en el proceso visual y espacial (imágenes) y en relaciones no lineales; por lo que parece que este hemisferio sea la fuente de la percepción creativa a través de imágenes interiores y metáforas (ver conexión entre dos cosas no semejantes). Con su capacidad para combinar partes en muchos conjuntos diferentes y reconocer partes y relaciones, parece idóneo para esta tarea.

De esta forma tenemos que: el hemisferio derecho no pasa de una característica a otra, sino que busca pautas y gestalts, integra partes componentes y las organiza en un todo, se interesa por las relaciones. Este método de procesar tiene plena eficiencia para la mayoría de las tareas visuales y espaciales y para reconocer melodías musicales, puesto que estas tareas requieren que la mente construya una sensación del todo al percibir una pauta en estímulos visuales o auditivos.

Ya he descrito las características de ambos hemisferio y señalado mi interés por las del hemisferio derecho; pero aparece la interrogante de ¿cómo poder desarrollar esas cualidades?; ¿Cómo podemos entrar en contacto con el hemisferio derecho?, Verlee (1986) proporciona las Técnicas de enseñanza para el hemisferio derecho. Estas técnicas representan maneras de procesar información que se relaciona con el hemisferio derecho:

1. Pensamiento visual. Equilibrar las técnicas verbales con las estrategias visuales, proporciona imágenes que reúnen e integran información, permitiendo la comprensión y no sólo el poder recordar. Es un camino adicional para expresar y explorar ideas. Concretamente es la capacidad para generar y manipular imágenes visuales.

2. Fantasía. Es otra forma de pensamiento visual, es la capacidad para generar y manipular la imaginería mental. Traduce en imágenes lo verbal haciendo más accesible y comprensible la información. Es un acceso a las imágenes (H. D.) fomentando la creatividad. La fantasía guiada es útil para fenómenos que uno no puede experimentar de primera mano.

3. Lenguaje evocador. El vocabulario del H. D. es característicamente connotador y asociativo (la rica imaginería asociativa de la poesía) y el H. I. es más preciso y denotador (el lenguaje preciso de la definición científica). Así el H.I. es objetivo y el H. D. es evocador. El objetivo, tiene como finalidad la precisión del significado, busca claridad y elimina la ambigüedad, es exacto.; el evocador por su parte, es rico en asociaciones, muy sensorial y mucho menos preciso, la palabra se emplea para evocar imágenes y asociaciones. Este lenguaje cultiva la ambigüedad, sugiriendo más que afirmando, y actuando sobre la experiencia subjetiva del oyente.

4. Metáfora. Coloca partes específicas en el contexto de un todo significativo. El pensamiento metafórico o analógico, es el proceso de reconocimiento de una conexión entre dos cosas aparentemente no relacionadas entre sí. No procede linealmente, sino que salta a través de categorías y clasificaciones para descubrir nuevas relaciones (parece probable que estas conexiones sean establecidas por el silencioso hemisferio derecho y transmitidas al izquierdo a través de una cierta forma de imaginería). Si bien la metáfora no crea experiencia, aporta el mecanismo necesario para establecer una conexión entre los nuevos conceptos y la experiencia previa. Las metáforas son un mecanismo para forjar conexiones.

5. Experiencia directa. Aprender por la experiencia es satisfacer la preferencia del hemisferio derecho por las pautas y las gestalts completas. La experiencia directa facilita una oportunidad de aproximarse e interactuar más holísticamente con el objeto, fenómeno, problema, etc. Se afronta con todos los sentidos, y se puede, simular o representar para crear experiencias.

6. Aprendizaje multisensorial. Tanto los sistemas sensoriales como los motores desempeñan un papel primordial en el aprendizaje. Además de los sentidos de la audición y la visión, los sentidos táctiles y cinestésicos (movimiento) proporcionan información y ayudan a recordarla.

7. Música. Facilita y acelera el aprendizaje.

Finalmente tenemos que: la manipulación y la fantasía no están separadas del pensamiento visual; la percepción visual y cinestésica y la imaginería son una parte importante de ambas técnicas. Las metáforas son importantes por la experiencia directa y se expresan a la conciencia verbal en forma visual y de otras imágenes sensoriales.

Todas estas técnicas otorgan una alternativa al enfoque analítico, verbal, que predomina. Permiten utilizar toda la gama de capacidades, aprendiendo de la manera más adecuada para el estilo de pensamiento y al descubrir y desarrollar capacidades que de otro modo podrían pasar desapercibidas. Las técnicas no pretenden reemplazar las técnicas verbales, su fin es complementar.

Nos encontramos aquí con la siguiente pregunta ¿en qué medida tiene el hombre adulto el compromiso personal de dejar salir a su niño interior y a su vez, recobrar las facultades de su hemisferio derecho?, ¿qué ambientación externa o interna se requiere para hacer surgir las cualidades del hemisferio derecho?, ¿qué tanto nos ayudará recuperar la metáfora, el trance o retrovisión interior, el mito, el rito, los cuentos, la música, el arte, el sueño y la imaginación; en ésta búsqueda interna y subjetiva?. Podemos ver así, que el cerebro izquierdo corresponde más a un predomino occidental y el derecho a uno oriental; por lo que se puede determinar que el hombre adulto está más inmerso en un pensar izquierdo y el niño en un pensar derecho.

Trascendiendo en busca del camino, Moore (1986) no se queda con la clasificación común de las funciones de los hemisferios cerebrales, señala refiriéndose a las cualidades izquierdas, que no sólo son masculinas, sino también femeninas, y las derechas, que se consideran propias de la mujer, corresponden de igual forma al hombre; donde podemos ver la dualidad y la dialéctica que existe no por plantearlo conceptualmente, sino porque la naturaleza bimodal de los cerebros no es monopolizadora, esta clasificación se puede prestar para pensar en una contradicción, pero si nos abrimos, veremos que no existe tal, por el contrario, es un ejemplo de apertura, de la existencia de una complementariedad:

Moore (1986) propone que los hemisferios representan respectivamente modos de funcionamiento femenino y masculino, operando ambos, tanto en el varón como en la hembra. Por lo que hay que tomar en cuenta lo espiritual, la subordinación a lo femenino y acceder a la integración funcional de ambos "hemisferios cerebrales", "de ambos modos de pensar" o "de ambos Yo", ya que es primordial para alcanzar el equilibrio, la autorrealización y la individuación, venciendo el desequilibrio causado por la sobrevaloración que hemos realizado sobre el hemisferio izquierdo.

Por su parte Gonzáles (1991) señala que la integración de ambos hemisferios abarca a la totalidad de la persona y redunda en un desarrollo integral del potencial humano, contemplando al individuo como un ser biopsicosocialespiritual; es decir, se busca traspasar la misma humanidad en búsqueda de los valores del ser o los valores más elevados. Se llega a la autorrealización a partir de la conjunción de los opuestos.

Sin embargo, muchos piensan que cambiando lo social cambiará lo individual, y otros piensan que cambiando lo individual cambiara lo social, y es aquí cuando entramos en una idea muchas veces escabrosa, ¿qué hacemos?; nosotros consideramos que siendo el ser humano el principal creador, es a éste a quien le corresponde emprender una revolución; pero nos encontramos nuevamente en otra disonancia: ¿cómo debemos verlo?, ¿qué concepto se deberá tener de él?, ¿qué es el ser humano y qué no lo es? y por último, ¿dónde inicia la armonía?. Debemos conocer al hombre individual tanto externa como internamente; ya hemos iniciado el camino por el lado externo, ahora le corresponde al nivel interno. La ciencia tendrá que reconocer las facultades del cerebro derecho, lo cual no precisa de demostración en los términos convencionales científicos. La perspectiva suena muy intrépida; y sin embargo, cuántos intrépidos no se han salido con la suya.

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