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jueves, 6 de mayo de 2010

El autoconcepto académico como posibilitador del rendimiento escolar

Sara Rodríguez Sánchez


Licenciada en Psicología

Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Huelva

Huelva (España)
Trabajo publicado el 14 de abril de 2010
Resumen
El interés científico del autoconcepto parece ser que se debe, por un lado, a la relevancia que el autoconcepto tiene como factor determinante en el desarrollo integral de las personas y, más en concreto, en las distintas dimensiones o áreas de desarrollo; y por otro, gracias a sus posibilidades cambiantes y las consecuencias que dichos cambios pueden suponer para el desarrollo vital del individuo. En este sentido, el autoconcepto se entiende como un constructo 1 cuyo contenido puede variar a lo largo del desarrollo humano, sobre todo, en función del los contextos, los roles desempeñados y las personas significativas 2 para el individuo.



El presente trabajo trata justificar la necesidad y, sobre todo, la posibilidad de crear entornos que favorezcan el desarrollo y la formación de un autoconcepto positivo en los niños, dada la influencia que éste tiene para un desarrollo vital exitoso. Más concretamente, este artículo se centra en la potencialidad del entorno educativo como favorecedor del desarrollo y la formación de autoconceptos académicos positivos en los alumnos, con resultados muy favorables en el rendimiento escolar, y en consecuencia, en la autoestima y el bienestar personal de los niños.



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1 Constructo: También denominados conceptos no observacionales. Los constructos son conceptos que sobrepasan la observación empírica y muchas veces expresan supuestos teóricos.



2 Persona significativa: Término introducido por H. S. Sullivan (1953) y es definido como la persona importante para el niño que tiene influencia en su desarrollo. Es sobre todo a los padres a los que se considera como personas significativas (Galbo y Demetrulias, 1996), luego a otros miembros de la familia (abuelos y hermanos) y también a personas ajenas a la familia, a los maestros, los líderes de grupos religiosos o, incluso, a los entrenadores.

Delimitación conceptual



El autoconcepto es uno de los constructos psicológicos más estudiados desde los diferentes ámbitos del saber científico. Esta condición de estudio reiterativo ha dado lugar a una gran diversidad conceptual que, a la postre, han resultado más un hándicap para el progreso, que una ayuda para el avance en la investigación. En este sentido diferentes autores han hecho uso de términos como "autopercepción", "autoconocimiento", "autoimagen", "autoestima", "representación de sí", "autovalía", etc., para designar el autoconcepto. En ocasiones todos ellos han sido, incluso, utilizados como sinónimos (Wylie, 1974; Wells y Maxwell, 1976; Shavelson y cols., 1976; Rosenberg, 1979; Kernaleguen y Conrad, 1980; Hughes, 1984; Gecas, 1982; o Fleming y Courtney, 1984; entre otros).



No obstante, ya en 1980 los estudiosos Beane y Lipka comenzaron a diferir entre los términos autoconcepto y autoestima. Así el uso del término autoconcepto quedaría limitado para hacer referencia exclusiva a los aspectos puramente cognoscitivos, mientras que el concepto autoestima, describiría las variables afectivas y/o evaluativas de sí mismo. Posteriormente esta diferenciación conceptual estaría apoyada por autores de gran renombre como Watkins y Dhawan (1989), e incluso, en los últimos años sería reafirmada por Nuñez y cols, (1998), quienes confirmarían la existencia de un componente cognoscitivo referido al autoconcepto, y otro afectivo que aludiría a la autoestima. En la actualidad esta diferenciación conceptual es aceptada por la mayoría de los profesionales, y será ésta conceptualización la que sustente teóricamente el presente trabajo.



En definitiva, el autoconcepto hace referencia al conjunto de conocimientos que cada persona tiene sobre sí mismo, lo que cada uno sabe sobre su forma de ser y actuar. El autoconcepto puede definirse como las percepciones que cada individuo tiene sobre sí mismo, y los atributos que utiliza para describirse. En este sentido, se puede afirmar que se trata fundamentalmente de una apreciación descriptiva con un matiz cognitivo.



La autoestima, por su parte, se relaciona más con las valoraciones que cada uno hace sobre sí en función de cómo se percibe, cómo le gustaría ser y cómo cree que los demás lo valoran. En la autoestima personal juega un papel primordial la competencia social ya que tiene una gran influencia en el sentir, en la forma de pensar y de aprender del sujeto, en la valoración propia, en la relación con los demás y, en definitiva, en cómo se comporta (Clark, Clames y Bean, 2000). Además de las mencionadas, existen otras variables que determinan la autoestima como la edad del sujeto, el momento histórico que a cada uno le toque vivir, el contexto social en el que sea valorado, y la formación de un autoconcepto sólido y aceptado por uno mismo.


El carácter multidimensional y dinámico del autoconcepto
En la actualidad, tal y como se ha mencionado con anterioridad, son muy numerosas las definiciones que existen sobre el autoconcepto como consecuencia de los múltiples estudios realizados en relación al término. Sin embargo, en esa diversidad conceptual aparecen una serie de características que se repiten de forma constante en las múltiples definiciones, hasta el punto que se han llegado a considerar como los aspectos inalterables del autoconcepto. Entre todas ellas, y cómo preámbulo del tema que se trata, habría que destacar el carácter pluridimensional que se le otorga al autoconcepto. En este sentido, ya Epstein (1974), definió el autoconcepto como una compleja realidad que estaba, a su vez, integrada por varios autoconceptos más concretos como el físico, social, emocional y académico, éste último de gran relevancia en el trabajo que se presenta.



En esta misma línea se puede confirmar que científicamente, en la actualidad, se apoya el modelo jerárquico y multifacético de Marsh y Shavelson (1985), validado por Byrne y Shavelson (1986). Este modelo defiende la existencia de un autoconcepto general que integra, a su vez, a otros autoconceptos más específicos entre los que se incluye el físico, social, académico, etc. Pero además de la faceta multidimensional del autoconcepto, se acepta el carácter variable del término, pudiendo este cambio ocurrir en cualquier momento del desarrollo vital humano.



En definitiva, por un lado se confirma la existencia de un autoconcepto académico; y por otro, se asume que éste se trata de una realidad dinámica, que se modifica en función de numerosas variables que pueden influir o, incluso, determinar el cambio en este sentido. Teniendo en cuenta estos aspectos resulta fácil justificar la importancia de la temática a tratar, sobre todo si se asume la relevancia y el papel del contexto educativo tanto en la formación del autoconcepto académico, como en las posibilidades de cambio del mismo, con las consecuencias que ello conlleva para en futuro rendimiento escolar de los alumnos.





Formación del autoconcepto académico



El autoconcepto, como componente del desarrollo de la personalidad humana, no es innato. Se construye y define a la largo del desarrollo, sobre todo, por la influencia de las personas significativas primero del medio familiar, en segundo lugar del entorno escolar y el mundo social que rodea al individuo y, por último, como consecuencia de las propias experiencias de éxito y fracaso, Machargo (1991). En este sentido, dos son las teorías más relevantes que tratan de explicar y describir el proceso de formación y desarrollo del autoconcepto:



- La Teoría del Espejo

- La teoría del Aprendizaje social



Con respecto a la primera de ellas, también conocida con el nombre de Teoría del Simbolismo Interaccionista, decir que parece ser que es la más comúnmente aceptada en relación con la formación del autoconcepto. Esta considera que el autoconcepto es el resultado de las evaluaciones que los demás hacen de nosotros mismos. Lógicamente no todas las personas que realizan alguna consideración sobre nuestra persona, tienen la misma influencia para el desarrollo del autoconcepto. En este sentido, serán las personas significativas las que más influencia ejerzan en este proceso de formación. Se podría asignar una limitación a esta teoría y es el carácter pasivo que se le atribuye al sujeto en la formación de su propio autoconcepto, cuando todo sujeto es considerado un ser activo y experimentador.



Una segunda teoría en relación a la construcción del autoconcepto es la Teoría del Aprendizaje Social. Los niños aprenden comportamientos, actitudes, movimientos, etc. a través de la observación. Tienden a imitar la conducta de aquellas personas que son relevantes y queridas para él (los otros significativos), y por tanto son sus modelos a seguir. Estos son los familiares cercanos, en primer momento, y los personajes del ámbito escolar, posteriormente. A través del proceso de imitación, el niño va haciendo suyas las conductas y actitudes observadas que son de su agrado hasta incorporarlas en sus propios esquemas llegando a identificarlas, posteriormente, como características personales.



Ambas teorías ponen de manifiesto la importancia que el entorno del niño tiene en el desarrollo y en la formación del autoconcepto del mismo. No cabe duda, que durante los primeros años de vida el entorno más cercano al niño es el ámbito familiar. Las actitudes de los padres hacia los hijos, determinan en gran medida el autoconcepto y la valía personal del niño. Aquellos niños cuyos padres mantienen actitudes cariñosas, de atención e interés hacia ellos, desarrollan un autoconcepto más positivo, que los niños de padres que se muestran fríos, distantes e indiferentes.



Es, generalmente, a partir de los tres años cuando el niño se introduce en un nuevo entorno de gran influencia para él, el mundo escolar. A partir de este momento los profesores pasan a convertirse para los niños en personas significativas y en unos importantes modelos a imitar. Los maestros suponen una fuente inagotable de información, relacionada con la aceptación o rechazo que los niños perciben de ellos a través de las actitudes y expectativas que manifiestan a sus alumnos. Estas percepciones tendrán una influencia determinante en el desarrollo y el la formación del autoconcepto. Los profesores pueden tanto empobrecer como enriquecer el autoconcepto general y, más concretamente, el autoconcepto académico de los niños con el comportamiento y la comunicación de las expectativas que manifiestan hacia sus alumnos.



Otro grupo muy influyente para el desarrollo del autoconcepto general y académico del niño es el de los compañeros, quienes proporcionarán al niño información sobre sus características personales en función, sobre todo, de la aceptación que éste perciba por parte del grupo, la empatía que muestren hacia él, la agradabilidad de sus compañeros, el liderazgo entre el grupo, el querer o no compartir tareas escolares, etc.







El autoconcepto académico como variable influyente en el éxito académico



Desde la Psicología de la Educación se viene realizando numerosos estudios como respuesta al interés por la cuestión de la relación que existe entre el autoconcepto académico y el éxito escolar de los alumnos (González-Pienda y cols., 2000; Núñez, González-Pienda y cols., 1998). La mayoría de los estudios realizados en esta línea han encontrado un relación significativa y, en general, recíproca entre el autoconcepto y el rendimiento académico (González y Tourón, 1992; Núñez y Gonzáles Pienda, 1994). Estas conclusiones son de gran relevancia si se tiene en cuenta que el autoconcepto es un constructo dinámico y, por tanto, susceptible de cambio mediante la acción educativa. Si a esto se le añade la teoría de que el profesor es un elemento de gran influencia en la formación del autoconcepto académico, se pueden vislumbrar grandes destellos de esperanza en la lucha por la mejora del rendimiento escolar de los alumnos actualmente.



Llegada la edad de escolarización, el contexto escolar, se convierte en uno de los entornos más importantes para el niño y en el que pasa más tiempo. A su vez, los profesores pasan a ser uno de los modelos de aprendizaje social más importante para los niños, y una de las personas más influyentes para formación y el desarrollo del autoconcepto académico de los mismos. También su relación con los iguales es una inagotable fuente de información, que los alumnos perciben continuamente, contribuyendo a la formación del autoconcepto.



En este sentido ha llegado quizás el momento de lanzar algunas recomendaciones de actuación para los docentes, encaminadas a favorecer el desarrollo de un autoconcepto académico positivo en sus alumnos y, a la vez, contribuir a mejorar el rendimiento escolar de los mismos. Así, los profesores deben:



- Comunicar expectativas positivas en relación a los posibles logros de los aprendizajes de sus alumnos. Esto hace que los escolares, en sus deseos de satisfacer al profesor, pongan interés y empeño en las tareas con resultados muy positivos para el rendimiento escolar. Favorece el cumplimiento del Efecto Pigmalión. 3



- Crear un clima de clase positivo y distendido, que favorezca la confianza de los alumnos y facilite el proceso de enseñanza aprendizaje, favoreciendo el rendimiento escolar.



- Crear un clima de clase afectivo, que propicie el bienestar mismo de los alumnos haciendo que éstos se sientan bien consigo mismo y con el resto de compañeros, facilitándoles la posibilidad de mostrarse tal y como son cada uno de ellos.



- Fomentar la participación en clase e incitar a que colaboren en la toma de decisiones de carácter didáctico, favoreciendo la participación y las buenas relaciones entre profesor-alumno.



- Reforzar positivamente los logros obtenidos por los alumnos, favoreciendo la confianza en ellos mismos.



- Ayudar en las tareas que los precisen, sin castigar o ridiculizar públicamente los errores cometidos.



- Evitar comentarios desafortunados que limiten la participación de los alumnos en clase.



No cabe duda de que los profesores con sus actuaciones, comportamientos y manifestaciones verbales pueden ser considerados, casi como variables determinantes y muy influyentes en la formación y el desarrollo del autoconcepto académico de sus alumnos y, en consecuencia, en gran parte responsables del rendimiento académico los mismos.





Conclusiones



Para finalizar, se presenta una pequeña reflexión sobre las posibilidades de favorecer, desde el ámbito educativo, el desarrollo de un autoconcepto académico positivo, con las consecuencias favorables que esto supone en el rendimiento académico de los alumnos. Si se sabe que el autoconcepto es un constructo dinámico, es loable pensar que el ámbito educativo se convierte en un contexto de gran relevancia para la formación y desarrollo del mismo. En este sentido, el autoconcepto académico de los alumnos puede verse modificado en función de los diferentes sucesos que experimenten en la escuela. Desde este punto de vista, se puede aprovechar el potencial educativo del autoconcepto para favorecer el desarrollo de un autoconcepto académico positivo, que favorezca el rendimiento del alumno.



Resulta también interesante resaltar la influencia del profesor, en la formación y desarrollo de un autoconcepto académico positivo. Para ello es importante que los maestros tengan claro que el trabajo del autoconcepto debe ser individualizado pero también tiene que darse en colaboración con los compañeros. El profesor debe guiar al alumno a un autoconocimiento y, por supuesto, a la aceptación de sus capacidades y limitaciones; como paso para un mejor y más preciso autoconcepto (Casimiro, 2000). Es importante que los maestros incidan en los aspectos positivos de sus alumnos, fomentando de esta forma las valoraciones positivas de uno mismo y, a la vez, un reconocimiento por parte del grupo de iguales. En la escuela, el alumno debe vivir variadas experiencias que le ofrezcan la posibilidad de relación con los iguales y de conocerse más profundamente.





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3 Efecto Pigmalión: Suceso por el que una persona consigue lo que se proponía previamente a causa de la creencia de que puede conseguirlo. Las expectativas y previsiones de los profesores sobre la forma en que de alguna manera se conduciría a los alumnos, determinan precisamente las conductas que los profesores esperaban. (Rosenthal y Jacobson, 1968). Pueden diferenciarse entre:

Efecto Pigmalión Positivo: se refiere a aquel que produce un efecto positivo en el sujeto, de forma que afianza el aspecto sobre el cual se produce el efecto, provocando un aumento de la autoestima del sujeto y del aspecto en concreto.

Efecto Pigmalión Negativo: es aquel que produce que la autoestima del sujeto disminuya y que el aspecto sobre el que se actúa disminuya o incluso desaparezca





Beane, J. A. y Lipka, R. P. (1980). Self concept and self-esteem: A construct differentiation. Child Study Journal 10: 1-6



Byrne, B. M. y Shavelson, R. J. (1986). On the structure of adolescent self-concept. Journal of Educational Psychology 78, (6), 474-481



Clark, A., Clemes, H. y Bean, R. (2000). Cómo desarrollar la autoestima en adolescentes. Madrid: Editorial Debate



Epstein, S. (1974). The self concept revised. American Psychologist, 28, 403-416.



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Gecas, V. (1982). The self concept. Annual Review of Sociology, 8, 1-33.



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Kernaleguen, A. y Conrad, S. G. (1980). Analysis of five measures of self-concept. Perceptual and motor skills, 51, 855-861.



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