viernes, 22 de octubre de 2010

Los niños son más agresivos entre el primer y el cuarto año de vida

¿Es la violencia un componente intrínseco de la esencia humana? Los estudios neurobiológicos han avanzado de manera significativa en los últimos años para tratar de dar una respuesta a esta pregunta, centrándose en la genética y su interacción con los factores ambientales como componentes esenciales -variables necesarias pero no suficientes- en el desencadenamiento de los comportamientos agresivos o antisociales.



Los cuidados maternos modulan la expresión futura de los genes

Una de las investigaciones más sorprendentes en este sentido es la realizada por Richard Tremblay, de la Universidad de Montreal (Canadá). Las conclusiones señalan que el mayor índice de agresividad en los niños se da, en contra de la creencia general, entre el primer y el cuarto año de vida (y no en la adolescencia), antes de estar expuestos al ambiente familiar y a factores como la violencia televisiva.

Tremblay encontró que a los 17 meses de edad más de la mitad de las variaciones en las respuestas agresivas de los niños estaban directamente relacionadas con factores genéticos. Sin embargo, la violencia desciende a medida que los niños crecen, su cerebro madura y aprenden a controlar su comportamiento.

"Nuestros estudios demuestran que los niños no aprenden a agredir físicamente, sino que deben aprender a no hacerlo. Es fundamental que a los niños se les enseñe, durante los primeros años de vida, a reprimir los comportamientos violentos", afirma Tremblay. Los años de preescolar se convertirían así en la etapa clave a estudiar para entender la aparición y posterior desarrollo de comportamientos violentos en el ser humano.

Todos los niños de 18 meses que han seguido un desarrollo normal agreden físicamente; sin embargo, no todos lo hacen con la misma frecuencia o la misma fuerza. La cuestión que se plantea entonces es hasta qué punto las diferencias en las respuestas individuales se deben a factores genéticos o al ambiente en el que los niños han crecido.

De esta forma Tremblay inicia el estudio de las relaciones entre factores ambientales y genética, o más concretamente, estudia la epigenética. La epigenética es la rama de la biología molecular que estudia modificaciones del ADN que no afectan a su secuencia pero que modulan la expresión de los genes. Tremblay tomó como base los estudios realizados por Michael Meaney en los que por primera vez se demostró la relación directa entre los cuidados maternos y los cambios en la programación epigenética de las ratas. Así, las crías de las ratas que recibieron mayor atención y cuidado maternos durante la primera semana de vida resultaban menos temerosas y mostraban respuestas más moderadas en el eje hipotálamo-pituitario-suprarrenal, que regula la respuesta a estrés, que aquellas que no habían recibido cariño.

Los resultados muestran el poder de la epigenética para modular la expresión génica en función de unos determinados factores ambientales.

La dicotomía genes o ambiente se disuelve la primera vez que alguien demuestra que en realidad la violencia ni se aprende ni se hereda, sino que, más bien, es una combinación de los dos. Los profesores Terrie Moffit y Avashom Caspi, del Instituto de Psiquiatría del King's College de Londres, fueron los primeros en demostrar la relación directa entre el ambiente y un gen, el de la enzima MAOA (monoamina oxidasa), al estudiar desde su infancia a su madurez una población de chicos sometidos a diferentes grados de maltrato. Extrañamente algunos de ellos desarrollaban comportamientos antisociales y otros no.

Los estudios genéticos demostraron una relación directa entre una versión poco funcional del gen de la MAOA y comportamientos agresivos en niños que habían sido severamente maltratados. Un déficit crónico del nivel normal de MAOA provoca una alteración de los niveles de algunos neurotransmisores y puede producir una hiperactividad cerebral hacia cualquier amenaza o estímulo estresante.

El gen de la MAOA se sitúa en el cromosoma X, por lo que los hombres sólo tienen una copia del gen. Si la copia que reciben es de baja actividad no hay otra para compensarla, como puede ocurrir en el caso de las mujeres, que tienen dos copias del gen. Sin embargo hay otros factores que podrían explicar la menor frecuencia de comportamientos agresivos determinados genéticamente en la mujer.
Los genes y el ambiente

David Gallardo-Pujol y Antonio Andrés Pueyo, de la Unidad de Estudios Avanzados en Violencia de la Universidad de Barcelona, se dedican en nuestro país a llevar a la práctica las teorías expuestas por Caspi y Moffit hace ahora cinco años. Evalúan distintos componentes de la respuesta agresiva en situaciones de laboratorio que sirven para producir respuestas agresivas análogas a las que acontecen en condiciones naturales. En ellas valoran también aspectos de personalidad como la hostilidad o la agresividad y respuestas emocionales como la ira.

"Nuestro estudio pretende establecer la influencia de los genes y el ambiente de forma causal en el comportamiento violento en humanos", explica Gallardo-Pujol. La pregunta es si podemos prevenirlo. Según Andrés Pueyo: "En la actualidad estamos muy lejos de poder aplicar una terapia farmacológica específica para los comportamientos violentos. En el futuro es posible que la farmacogenómica desarrolle tratamientos más personalizados (como en el caso del cáncer). Pero no debemos olvidar que también se puede intervenir en el entorno ambiental donde los niños crecen y adquieren sus habilidades y competencias".

En cuanto al peligro de caer en el determinismo, ambos especialistas coinciden: "Un resultado paradójico de los estudios de las relaciones entre los genes y el ambiente, que son ambos factores deterministas, es que han descubierto la relevancia del papel activo del individuo en la formación de su personalidad y su comportamiento".

viernes, 8 de octubre de 2010

El CEREBRO COMPLEMENTA


El CEREBRO COMPLEMENTA

CONSIGUES LEER LAS PRIMERAS PALABRAS, EL CEREBRO DESCIFRARA LAS OTRAS.     C13R70
D14
D3
V3R4N0
3574B4
3N
L4
PL4Y4
0853RV4ND0
A D05 CH1C45
8R1NC4ND0 3N 14 4R3N4,
357484N 7R484J484ND0 MUCH0
C0N57RUY3ND0 UN C4571LL0
D3 4R3N4 C0N 70RR35,
P454D1Z05 0CUL705 Y PU3N735.
CU4ND0 357484N 4C484ND0
V1N0 UN4 0L4 D357RUY3ND0
70D0 R3DUC13ND0 3L C4571LL0
4 UN M0N70N D3 4R3N4 Y 35PUM4.
P3N53 9U3 D35PU35 DE 74N70 35FU3RZ0 L45 CH1C45 C0M3NZ4R14N 4 L10R4R, P3R0 3N V3Z D3 350, C0RR13R0N P0R L4 P14Y4 R13ND0 Y JU64ND0 Y C0M3NZ4R0N 4 C0N57RU1R 07R0 C4571LL0; C0MPR3ND1 9U3 H4814 4PR3ND1D0 UN4 6R4N L3CC10N; 64574M05 MUCH0 713MP0 D3 NU357R4 V1D4 C0N57RUY3ND0 4L6UN4 C054 P3R0 CU4ND0 M45 74RD3 UN4 0L4 LL1364 4 D357RU1R 70D0, S010 P3RM4N3C3 L4 4M1574D, 3L 4M0R Y 3L C4R1Ñ0, Y L45 M4N05 D3 49U3LL05 9U3 50N C4P4C35 D3 H4C3RN05 50NRR31R.

El efecto de golpes-traumas y alteraciones del lóbulo frontal

El efecto de golpes-traumas y alteraciones del lóbulo frontal


Alan Rosembaum (7) realizó un estudio en los que descubre que los traumas cerebrales anteceden cambios de conducta predisponiendo hacia un incremento en violencia. Muchas de estas lesiones fueron adquiridas en la infancia tanto bajo juegos como en accidentes o producto de maltrato infantil. Su estudio fue realizado con 53 hombres que golpeaban a sus esposas, 45 hombres no-violentos y felizmente casados, y 32 hombres no-violentos pero infelizmente casados. 50% de los agresores habían sufrido alguna  lesión en la cabeza previa a sus patrones de violencia doméstica.

De otra parte, Antonio Damasio (8) sugiere que daños al lóbulo frontal a nivel de la corteza cerebral puede evitar que la persona pueda formarse evaluaciones de valor positivo o negativo al crear imágenes y representaciones sobre los resultados, repercusiones y consecuencias futuras de acciones al presente creando las bases de ciertas conductas sociopáticas. Estudios de Antoine Bechara (9) confirman la correlación entre lesiones de la corteza en el lóbulo frontal y conductas peligrosas tales como "hacer daño solo por divertirse".

Estudios con PET (tomografía de emisiones positrónicas; mide el insumo de glucosa al cerebro) realizados por Adrian Raine (10) demuestran que niveles bajo de glucosa a la corteza pre-frontal son frecuentes en los asesinos (sus estudios son preliminares; la muestra fue de 22 asesinos confesos con 22 no-asesinos de control) Bajos niveles de glucosa están asociados con perdida de auto-control, impulsividad, falta de tacto, incapacidad de modificar o inhibir conducta, pobre juicio social. Los autores de este estudio plantean que esta condición orgánica debe interactuar con condiciones negativas del ambiente para que la persona entonces cree un estilo de vida y personalidad delincuente y violenta de forma más o menos permanente.




Efectos Nutricionales


Katherine y Kenneth Rowe (12) estudiaron grupos de niños diagnosticados con hiperactividad. Los padres les daban alimentos con colorantes como parte de sus dietas regulares. El estudio consistió en una dieta con el colorante Amarillo #5 y placebos para el grupo control. El reporte de los padres y observadores fue que se manifestó un incremento en conductas de llanto frecuente, rabietas, irritabilidad, inquietud, dificultad de conciliar el sueño, pérdida de control, y expresiones de infelicidad. Muchas de estas conductas son precisamente las que les crean problemas de ajuste escolar limitando su aprendizaje e integración a las reglas del salón de clases.


Trastornos hormonales


Ante el hecho obvio de que el hombre tiende a mostrarse más agresivo que las mujeres, las hormonas masculinas - la testosterona- ha sido objeto de estudio en la conducta violenta. James Dabbs (13) estudió 4,4462 sujetos masculinos encontrando una alta incidencia y correlación entre delincuencia, abuso de drogas tendencias hacia los excesos y riesgos en aquellos que tenían niveles más altos de lo normal y aceptable en la testosterona. En las cárceles encontró que aquellos convictos de crímenes más violentos fueron los que más altos niveles de testosterona reportaron. También encontró en los estudios de saliva de 692 convictos por crímenes sexuales que estos tenían el nivel más alto entre todos.


Alteraciones en conducta por hiperactividad orgánica


Rachel Gittelman (14) sostiene que varones hiperactivos muestran una tendencia alta de riesgo a entrar en conducta antisocial en la adolescencia. Esta tendencia es cuatro veces mayor a la de jóvenes que no son hiperactivos, y parecen tener historiales de más incidentes de arrestos, robos en la escuela, expulsión, felonías, etc. 25% de los participantes en el estudio habían sido institucionalizados por conducta antisocial.

lunes, 6 de septiembre de 2010

La fiebre infantil

Las fiebres son una señal de que el cuerpo está luchando contra una infección; por lo tanto, usted debe evitar dar medicamento si su niño tiene fiebre baja, es decir fiebre que no es más alta que 100.2°F (37,89°C). La principal razón para tratar a su niño es para hacer que él o ella se sienta mejor. Cuando su niño está adolorido y quisquilloso, o si la temperatura del niño es mayor que 100,2°F (37,89°C) usted puede darle algún medicamento.




Estas son algunas de las cosas que se podrian hacer si su niño presenta fierbre.



Dele a su niño líquidos en abundancia para prevenir la deshidratación (no tener suficiente líquido en el cuerpo) y ayudar a que el cuerpo se enfríe por su propia cuenta.

Asegúrese de que su niño descanse bastante.

Mantenga la temperatura ambiental más o menos entre 70°F y 74°F (21,11°C y 23,33°C).

Vista a su hijo con piyamas delgadas de algodón de modo tal que el calor del cuerpo pueda escapar.

Si su niño tiene escalofrío, colóquele una cobija adicional pero quítesela cuando le pase el escalofrío.





Consejos acerca de cómo dar medicamento

No administre más de 5 dosis en un día

No le dé a un bebé menor de cuatro meses medicamento a menos que su médico de familia le diga que lo haga.

Lea los rótulos con cuidado. Asegúrese de que le está dando a su niño la cantidad correcta de medicamento.

Si está usando gotas llene el gotero hasta la marca.

Para jarabe líquido use un dispositivo para medir líquidos para asegurarse de que está dando la dosis correcta. Consiga uno en la farmacia o pídale uno a su farmacéutico.

lunes, 30 de agosto de 2010

Cómo mejorar tu capacidad auditiva

¿Tienes problemas escuchando a la gente en un resturante atestado de gente? ¿Puedes escuchar los pájaros en el parque cuando bajas la calle? ¿Tienes problemas escuchando los sutiles cambios de la música clásica o similares? Aquí hay algunos pasos que pueden lograr que tu percepción auditiva mejore para que puedas escuchar con claridad esas cosas que te estás perdiendo.

  1. Reduce el nivel de ruido de cualquier cosa sobre la que tengas control. De este modo obligarás a tu cerebro a trabajar más duro para escuchar las cosas. Este ejercicio hace que enfoques tu energía en el proceso de audición. Con el tiempo, tu cerebro se adaptará a la nueva situación y escucharás mejor.
  2. Habla en voz baja para tí. Así ejercitarás tu cerebro para que se concentré en el tono y los sutiles cambios de tono en vez de fijarse en el volumén. Prueba apagar la radio y escuchar las pequeñas cosas a tu alrededor.
  3. Hagas lo que hagas, hazlo de manera silenciosa, de este modo tu cerebro se ajustará al nuevo ambiente de bajo volumen. Trata de pasar tiempo en perfecto silencio. Después de un tiempo escucharás esas pequeñas cosas que deseas escuchar.

APRENDE A ESCUCHAR PARA MEJORAR
TU COMPRENSION AUDITIVA

  Primero que nada una aclaración: cuando se habla de comprension auditiva, no es lo mismo “oír” que “escuchar”.

• Oír es una actividad pasiva y se refiere simplemente a la detección de sonidos por nuestros oídos.
• Escuchar es un proceso activo e involucra el deseo conciente de entender lo que se esta oyendo.
Ahora bien, escuchar en nuestro idioma natal o en un idioma extranjero es un proceso más complejo de lo que parece a primera vista. Uno tiene que entender la idea principal de lo que se esta escuchando, pero también comprender su significado en el contexto en el que se desarrolla la conversación. Adicionalmente es importante captar las emociones y las opiniones que se expresan.
Por si lo anterior no fuera suficiente, existen ciertas variables que pueden complicar el entendimiento de lo que se escucha. Algunas de estas son:
  • El interlocutor habla demasiado rápido.
  • El interlocutor habla demasiado bajo.
  • Dos ó mas personas hablan al mismo tiempo.
  • Hay ruido de fondo.
  • Existen otras distracciones.
  • El interlocutor y/o el tema que se discute es aburrido.
  • La falta de concentración en lo que se dice.
  • La falta de conocimiento acerca del tema de conversación y/o su terminología.
  • El uso de vocabulario y frases complicadas.
  • Y algunas otras…
Es muy frecuente que uno se enfrente con varias de estas situaciones al mismo tiempo al momento de estar escuchando a otra persona o una conversación; lo que hace más difícil su correcto entendimiento.
Ten en cuenta que para escuchar correctamente, es necesario “borrar” de nuestras mentes cualquier pensamiento que no este relacionado con lo que se esta hablando en ese momento.
La comprensión auditiva toma tiempo y esfuerzo. Si quieres hacerte más hábil en esta actividad, toma en cuenta los siguientes consejos:
  • Observa a la persona que habla. Sus expresiones faciales, sus ojos y el lenguaje corporal que utiliza agregan valor a lo que dice y te dan pistas acerca de lo que se quiere expresar.
  • Concéntrate en comprender. Aunque esto suena obvio, a veces no lo es tanto. Recuerda todo los puntos que se mencionan más arriba y que complican la acción de escuchar.
  • Pon atención al tono en el que habla la otra persona. Los cambios de volumen y ritmo junto con las diferentes inflexiones de voz también son importantes y ayudan a comprender lo que se escucha.
  • Trata de resumir lo que has escuchado. Si lo puedes hacer en una sola frase, seguramente habrás entendido correctamente lo que escuchaste.
Básicamente, si observas a la persona con la que hablas, te concentras en entender lo que dice, pones atención al tono que se utiliza y eres capaz de resumir en una frase lo que escuchaste, mejorarás rápidamente la manera en que escuchas. ¡Empieza a practicar ahora!
Otros consejos para mejorar tu comprensión auditiva son:
- Escucha pacientemente lo que la otra persona tiene que decir, aún cuando pienses que no esta en lo correcto o es irrelevante.
- Trata de entender el sentimiento o la emoción que la otra persona trata de expresar así como el contexto intelectual en el que se desenvuelve la conversación.
- Recapitula brevemente y de manera precisa lo que la otra persona expresa. En conversaciones largas o complicadas, puedes responder con breves preguntas o frases que resuman lo hablado hasta el momento.
- Permite que la conversación siga sin interrupciones y trata de no distraer la atención del tema principal de la plática.
- Cuando una persona toque un tema del cual quieres saber más, puedes repetir algunas frases en forma de preguntas y estimular a la otra persona a que de más información. Por ejemplo, si alguien te dice: “Las ventas no mejoran por problemas de calidad en el producto.” y tú quieres saber cuales son los problemas de calidad, puedes responder con “¿Dices que las ventas no mejoran por problemas de calidad?”. Esto hará que la otra persona hable más del tema.
- “Escucha” lo que no se dice. La evasión de puntos evidentes o la omisión de información relevante, muchas veces te pueden dar una pista para entender mejor la conversación y la finalidad de la misma.
- Si la otra persona te pide tu opinión, dásela de manera sincera y honesta; pero durante el proceso de escucha, limita expresar tus opiniones y puntos de vista para evitar influenciar o inhibir lo que la otra persona quiere expresar.
- Guarda silencio. Deja que la otra persona hable y escucha de manera activa lo que tiene que decir.
- No prejuzgues a la otra persona y evita en la manera de lo posible involucrarte emocionalmente. Prejuicios y emociones pueden en muchos casos distorsionar positiva o negativamente el mensaje que escuchamos.
Aplica todo lo anterior y mejorarás de manera importante tu nivel de comprensión auditiva ya sea en inglés o en tu idioma natal.
Algunos consejos para mejorar tu comprensión auditiva en inglés:
  • Conseguir audio en inglés con historias o conversaciones que uno pueda escuchar. Muchas veces uno puede conseguir los famosos audio-ebooks o conversaciones grabadas y sus transcripciones. Este tipo de material te permite oír y leer al mismo tiempo, lo cual ayuda a desarrollar el oído y mejorar la comprensión auditiva.
  • Ver programas de televisión o películas en inglés puede resultar también en una buena práctica. Hoy en día hay sistemas llamados “close caption” que permiten leer en la pantalla lo que se esta diciendo, a manera de subtítulos, pero en el mismo idioma del video que se esta viendo. Nuevamente esta es una excelente forma de practicar tu comprensión auditiva.
  • Escuchar canciones en inglés es en una actividad muy agradable y que también te ayuda a mejorar la comprensión auditiva.
  • Trabajar en incrementar tu vocabulario (leyendo y utilizando un cuaderno para anotar nuevo vocabulario) también te ayudará a mejorar tu comprensión auditiva.
  • Hablar con personas nativas en inglés es sin duda una de las mejores formas de mejorar. No seas tímido. Recuerda que entre más hables con otras personas, más hablarán contigo y más podrás practicar

viernes, 27 de agosto de 2010

¿Por qué algunas personas son más exitosas que otras?

¿Qué diferencia hay entre un pianista promedio y un pianista exitoso?


Respuesta: ¡Diez mil horas de práctica!

La mayoría de las personas dirían que simplemente hay personas más dotadas que otras.

Sin embargo, estudios recientes han revelado un hecho asombroso: Se determinó que hay un factor común en todas las personas que se destacan en un área: Más que su talento innato, es la oportunidad y el trabajo duro que los lleva al éxito.

Anders Ericcson de la Universidad del Estado de Florida estudió a miles de estudiantes de una academia elite de música en Berlín. Descubrió que aquellos violinistas que tenían el potencial de alcanzar fama mundial como solistas habían practicado alrededor de 10.000 horas antes de alcanzar los veinte años, mientras que el resto de los alumnos habían entrenado solo un par de miles de horas en su vida.

El mismo patrón se hizo evidente al comparar las horas de entrenamiento de un pianista amateur con un pianista profesional. Los amateurs no habían entrenado más de 3 horas semanales durante su niñez y llegaban a los 20 años de edad con un total de dos mil horas de práctica. Los violinistas profesionales en cambio, aumentaban su ritmo de entrenamiento cada año hasta completar 10.000 horas de práctica a los veinte años, al igual que los violinistas. (The Making of an Expert - Ericsson Et.Al. - HBR )

Aparentemente, el número de las horas de entrenamiento fueron más decisivas en el éxito de los músicos que el talento por sí solo.

Ericsson corroboró sus hallazgos con el asombroso hecho de que no encontró un solo estudiante talentoso que llegó al estrellato practicando solo una fracción del tiempo de sus pares. Tampoco encontró el caso contrario: Aquél estudiante diligente y esforzado, menos dotado de talentos, que alcanzaba el éxito sólo por practicar duramente.

Estos hallazgos sugieren que, una vez que un estudiante logra entrar a una escuela de buen nivel, lo único que lo distinguirá de sus pares es el tiempo y el esfuerzo que invierte en sus estudios.

Nada más. No se distinguen por trabajar más, sino por trabajar mucho, mucho más.

Otros investigadores han llegado a conclusiones parecidas. Al estudiar la vida de compositores, deportistas, autores, jugadores de ajedrez, incluso de criminales expertos, etc., se ha determinado que se requieren aproximadamente 10.000 horas de práctica para llegar a ser un experto de categoría internacional. Parece que el cerebro humano requiere esa cantidad de horas para alcanzar el dominio completo de cualquier disciplina.

La regla de los 10 años

Además existe la regla de los 10 años. Estudios conducidos por Benjamin Bloom en la Universidad de Chicago han demostrado que se requieren al menos una década de esfuerzo enfocado antes de alcanzar renombre mundial en cualquier área de especialidad. Bloom estudió la vida de un conjunto de 120 expertos en áreas tan diversas como atletismo, artistas, bioquímicos, artistas y matemáticos y vio que cada uno de ellos se demoró una década de trabajo duro y esfuerzo constante antes de llegar a ser un experto en su área.

Destacados nadadores olímpicos entrenan 15 años en promedio antes de poder integrar el equipo olímpico. De la misma manera, los mejores pianistas profesionales invierten 15 años de práctica antes de alcanzar la fama mundial.

Los genios se hacen, no nacen

En una colección de reseñas de expertos de la Universidad de Cambridge (Cambridge Handbook of Expertise and Expert Performance, Cambridge University Press, 2006) se concluye que lo que comúnmente se denomina como "genio", es producto de una habilidad natural que no necesariamente sea extraordinaria, un mentor excelente, instrucción de calidad y una considerable inversión de trabajo y esfuerzo.

Ericsson, Profesor de Psicología de la Universidad de Florida, comenta: "Es complicado explicar cómo se gesta un genio y por qué su manifestación es tan poco frecuente, pero no es magia, y no es talento innato. Se manifiesta cuando se conjugan factores críticos que le permiten a una persona inteligente invertir un esfuerzo sostenido y enfocado hasta lograr la maestría en un área de experiencia."

El profesor prosigue: "Éstas personas no necesariamente poseen un IQ sobresaliente, pero casi siempre se desenvuelven en un medio que los apoya y son guiados por excelentes mentores. Lo que todos siempre presentan es una extraordinaria inversión de esfuerzo y tenacidad."

La conclusión del profesor es que, por un lado esto nos anima, ya que demuestra que cualquier persona "común y corriente" posee la capacidad de alcanzar grandes logros en su vida. Por otro lado, la cantidad de esfuerzo que es necesario invertir para lograr la excelencia es aplastante. Generalmente invierten 5 veces más de tiempo y de esfuerzo que una persona amateur que logra cierto nivel de competencia. (Gladwell, Malcolm: "Outliers:The Story of Success". Little, Brown and Company, USA, 2008.)

Y no toda persona estaría dispuesta a hacer un sacrificio de tal envergadura para llegar a tener éxito en la vida.

viernes, 20 de agosto de 2010

Cómo lidiar con las relaciones tóxicas

En la columna anterior mencioné que la razón más común para mantenerse en una relación tóxica es emocional, ya sea consciente o no.




El origen de estas razones emocionales generalmente se remonta a la infancia. Los niños tienen una gran necesidad de conexión con sus padres, tanto desde el punto vista físico como emocional. En una infancia ideal, el niño va evolucionando hacia una autonomía emocional que le permite formar relaciones sanas con el mundo exterior. La necesidad de conexión permanece, pero con límites saludables.



La necesidad de conexión suele distorsionarse cuando existe carencia o exceso en el hogar. Cuando un niño no puede satisfacer sus necesidades emocionales en el hogar, puede quedar con un anhelo exagerado de esta conexión. Como adultos, estas personas pueden aferrarse a una relación destructiva porque están tratando de suplir una carencia de la infancia.



Cuando un niño tiene exceso de atención en su infancia, puede crecer pensando que esto es lo normal, y exigir de sus parejas una atención excesiva, que suele redundar en un resentimiento de la pareja.



Los niños, por su naturaleza, necesitan amor y límites, de sus padres, y de los que intervienen a diaro en su crianza. Así pueden ir creciendo seguros de sí mismos, sabiéndose queridos, pero siendo responsables de sus acciones.



Cuando los demás ven a un ser querido en una relación perjudicial, por lo general le ofrecen consejos que suelen ser difíciles de seguir. La persona que está inmersa en ese tipo de relación le quita importancia a los problemas y cree que no tiene libertad para elegir. Estas personas, cuando se dan cuenta de la sitación, suelen ser sus críticos más severos. Es la labor del terapista guiar a la persona para que entienda las causas del problema, reduzca la crítica a sí mismo y se dé cuenta de que sí es posible romper, aunque sea difícil. El cliente debe entender que lo que está en juego es su auotestima, su capacidad de ser feliz y de dar un ejemplo sano a sus hijos, si los tiene.



Este puede ser un proceso largo y complejo, según cada persona y sus circunstancias. Hay que tener en cuenta la totalidad de la situación.En una próxima columna trataré de pasos a seguir y otras estrategias. •


dfernandez@herald.comLa autora es psicóloga clínica, especializada en relaciones, problemas de ansiedad, depresión y control de hábitos (305-461-5185).

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