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sábado, 19 de junio de 2010

La Siesta en los Niños

Los trastornos de ansiedad, hiperactividad y fobias que sufren hoy en día con frecuencia los adultos suelen tener su origen en el modo de vida que han tenido siendo niños.




La vida moderna obliga en la actualidad a los padres a estar muchas horas fuera del hogar y los hijos pueden estar sometidos a las mismas exigencias.



La escuela de doble escolaridad, hacer la tarea, un deporte, un idioma, el dentista, el pediatra, los cumpleaños, y otras muchas ocupaciones que son comunes en esta época, pueden llevar a un niño a un estado de estrés; y cuando llegan a sus casas están tan cansados que a veces se duermen antes de cenar porque no dan más.



No tienen tiempo para no hacer nada o jugar y van adquiriendo el hábito de estar en permanente actividad como un modo de vida.



Los niños de padres que trabajan comienzan una rutina de obligaciones desde la guardería, algunos desde los 45 días y los más afortunados a los dos años el jardín.



Si están en casa, los niños que tienen cuatro o cinco años, que no están acostumbrados a dormir la siesta y están privados de este necesario descanso pueden evidenciar una disminución de su rendimiento psicosocial.



Los resultados de un estudio hecho en Seattle, USA, presentados por su autor, el Dr. Brian Crosby de la Universidad Estatal de Pennsylvania, en la reunión anual de expertos en sueño (Sleep 2009), refleja datos sobre los motivos por los cuales los niños no duermen siesta o por lo menos abandonaron ese hábito.



Algunos de ellos solamente dejaron de hacerlo naturalmente, otros debido a que la siesta interfería con su sueño nocturno, y el resto porque no tenía tiempo.



Esta investigación comparó el efecto que tenía en los niños que dormían siesta y los que no lo hacían y llegaron a la conclusión, que los que no lo hacían antes de la edad escolar, tenían más síntomas de hiperactividad, ansiedad y depresión.



Aunque puede existir el hecho que los que no dormían siesta ya fueran hiperactivos y ansiosos, es un índice que se debería tenerse en cuenta porque sin duda es un hábito que sirve para relajarse y despreocuparse y en consecuencia resultar de todos modos saludable.



Futuros estudios deberán considerar entonces la variable sobre la conducta anterior del niño para tener resultados más confiables; y observar además si los niños con problemas pueden mejorar con esta práctica.



Un descanso breve después del almuerzo indudablemente nos hace bien a todos, nos ayuda a renovar nuestra energía, a estar más atentos y dispuestos y a mejorar nuestro estado de ánimo.



Como alguien dijo alguna vez, dormir la siesta es como amanecer dos veces; porque sin necesidad de que sea demasiado prolongada, y no incidir demasiado en las nuestras obligaciones habituales, puede mejorar también el rendimiento del adulto, ya que tampoco está comprobado que interfiera en el buen dormir nocturno.



Porque el insomnio tiene como principal motivo la preocupación, el no poder dejar de pensar y engancharse con los problemas del día y con las obligaciones del día siguiente.



Una persona relajada no puede tener problemas para dormir ni para ninguna otra cosa. Son las exigencias a las que nos sometemos las que nos producen estrés, que nos afecta la salud y que hacen que no podamos luego conciliar el sueño.



Los niños empiezan desde muy chicos a condicionarse de esta forma, con obligaciones que trascienden su capacidad para enfrentarlas que los obliga a canalizarlas de una manera patológica.

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