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sábado, 19 de junio de 2010

Bebés que lloran demasiado

¿Por qué llora un bebé y nada lo consuela?; es la pregunta que todos los padres se hacen cuando ya intentaron todo para tranquilizarlo.




El llanto de un bebé puede tener muchas causas, pero lo que si es seguro es que está requiriendo atención porque por alguna razón está molesto.



Los bebés tranquilos que casi no lloran son los que se sienten cómodos, están rodeados de personas calmas, en un ambiente donde no hay tensiones ni gritos.



Es difícil hoy en día vivir en un ambiente libre de estrés, pero existen recursos que pueden devolver la paz y la tranquilidad a una familia con un bebé.



La aromaterapia ofrece una gama de aceites esenciales que tienen propiedades relajantes. También los masajes suaves tranquilizan a los bebés que disfrutan mucho del contacto físico; y la música suave o el canto, también ayudan a calmarlo.



A través de la red de Internet los padres primerizos se pueden conectar con grupos de padres en la misma etapa o que ya la han superado, para consultar sobre los problemas comunes que los pueden estar afectando de la misma forma y compartir de ese modo las mismas soluciones.



A veces, lo que necesita un bebé es salir del espacio hogareño limitado por las cuatro paredes que lo pueden estar agobiando, porque los bebés se aburren como los adultos; y como ellos, necesitan variación de estímulos, de modo que un breve paseo por los alrededores en el cochecito puede hacer milagros.



Lo peor que puede ocurrirle a un padre o a una madre es perder los estribos y ponerse a gritar; porque esta conducta hace que el bebé se altere mucho más. Para estos casos es eficaz un te de tilo, para tranquilizar a los padres cuando el bebé llora sin parar.



Los bebés son como esponjas, porque absorben todas las emociones que expresan los adultos que lo rodean y tienden a sentirse del mismo modo.



El llanto es la única herramienta que tiene un bebé para comunicarse y casi siempre indica incomodidad. Probar distintas alternativas para calmarlo es útil no sólo para atender sus reclamos sino también para desarrollar la intención del entendimiento mutuo.



Es importante considerar al bebé y tratarlo como una persona desde el primer momento, demostrándole que tenemos en cuenta su presencia, saludándolo, hablándole, contándole cosas, dándole su lugar, haciéndole gestos y brindándole caricias, y dándole importancia a sus avances y manifestaciones espontáneas.



Un bebé debe recibir demostraciones de afecto, debe ser abrazado frecuentemente y tranquilizado cuando se altera, tratando de transmitirle el mismo estado emocional calmado que deseamos en él.



Los espacios verdes, la luz indirecta del sol, los árboles, las plantas y el césped, son tranquilizadores y favorecen el buen estado anímico de un bebé, que después de ese paseo vuelve al hogar relajado y muchas veces dormido.



La peor hora para los bebés es la puesta de sol, que es cuando se ponen imposibles, que es la hora ideal para el baño.



Siempre serán más eficaces pocos minutos de entera dedicación que tratar de aguantarlos mucho tiempo, porque los bebés nos sorprenden actuando diferente a nuestras peores expectativas.



Lo mejor es ser espontáneo y encarar los malos ratos con buena onda, riendo y manteniendo alto el espíritu, porque a los chicos como a los grandes lo que más les importa es que se les presten la debida atención.



Los primeros 18 meses de vida, los cerebros de los bebés son como computadoras en blanco que registran toda la información, y desarrollan conexiones neuronales sólidas a niveles profundos que pueden condicionar o beneficiar su futuro.



Un bebé absorbe palabras, emociones, conductas, actitudes, intenciones, percepciones de toda índole, o sea, todo tipo de información de las cosas que lo rodean y de las personas, y las conserva para siempre a nivel consciente e inconsciente.



El contacto físico es lo que garantiza a un bebé contención y seguridad, lo hace sentir sostenido, amado y acompañado, lo ayuda a relajarse y a dormir.



Más información: “101 Maneras de calmar a un bebé”, Marcela Osa, Ed.Grijalbo, Buenos Aires, 2006.

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