Los niños necesitan estímulos y refuerzos positivos para aprender. (Imagen: 20MIUNTOS.ES)
* Es un sistema de estimulación temprana.
* Se trabajan las capacidades del niño desde bebé.
* Acaba de comenzar su actividad en nuestro país.
Gymboree es un sistema de estimulación temprana que cuenta con un amplio reconocimiento internacional.
El método ha sido creado, revisado e implementado por expertos en pedagogía y neurociencia durante 30 años en más 540 establecimientos repartidos en 35 países de los cinco continentes.
Un alto porcentaje de su éxito se debe a la presencia del adulto en las clases
Está demostrado que un alto porcentaje de su éxito se debe a la presencia del adulto en las clases.
El niño aprende mejor con un adulto, debido a que la persona con quien tiene el vínculo emocional más fuerte está ahí reforzando positivamente sus logros y dándole la seguridad emocional que tanto necesita.
Los responsables son conscientes del poco tiempo que tienen los y por eso ofrecen la posibilidad de reforzar la relación entre ambos poniendo al alcance de bebés y adultos un innovador método de aprendizaje enfocado al juego compartido.
Reforzando positivamente sus logros y dando seguridad emocional
Se trata de un sistema único pensado para que, asesorados por un profesional, trabajen juntos el desarrollo del niño desde su nacimiento hasta los 5 años, en base a un programa determinado por el juego y la diversión.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Libros que nos ayudan a estimular la inteligencia de nuestros hijos
Fuente: http://www.20minutos.es/noticia/640536/0/estimulacion/libros/bebes/
* La estimulación temprana bien entendida consiste en compartir tiempo de juego y risas para ayudar a desarrollarse a los bebés sin forzar nada.
* En el mercado hay muchos manuales que pueden ayudar a los padres a potenciar las habilidades de sus hijos.
Muchos cuando oyen a unos padres interesados en la estimulación temprana de sus hijos, en seguida piensan en unos padres empeñados en tener un niño superdotado, forzando a su hijo con todo tipo de actividades aburridas y queriendo que toque el piano a los seis años.
Nada más lejos de la realidad de muchas familias. La estimulación temprana bien entendida consiste en compartir tiempo de juego y risas con los niños. En pasarlo bien tanto los padres como los hijos. Trata de que los padres, al tiempo que se divierten, ayuden a sus bebés a desarrollarse de una manera saludable sin forzar nada.
Respetar los ritmos de cada niño es fundamental. Pero ese respeto no está reñido con una estimulación adecuada que les ayude a sacar todo su potencial
No hay que obsesionarse con las escalas de desarrollo y pretender que el niño esté siempre por encima de la media, tampoco marcarse programas y horarios rígidos ni ser un experto en estimulación temprana.
De hecho estimular a los bebés de la forma adecuada es algo que les sale de manera instintiva a casi todos los padres. Y prácticamente todos los juegos tradicionales como los cinco lobitos, los juegos de cosquillas, las canciones típicamente infantiles... es precisamente lo que hacen: estimular la inteligencia de nuestros bebés.
Hay en el mercado una cantidad enorme de libros muy interesantes en este sentido. Aquí hay una selección, que incluye tanto clásicos como Los gestos del bebé hasta recientes lanzamientos como La magia de desarrollar la inteligencia de nuestros hijos.
* Los gestos del bebé, cómo hablar con tu hijo antes de que él sepa hablar de Linda Acredolo y Susan Goodwyn es un ejercicio magnífico de comunicación temprana. Las autoras proporcionan a los padres un programa simple, divertido y paso a paso para enseñar a bebes de entre uno u dos años a combinar la utilización de gestos y signos además de palabras para comunicarse.Se trata de aprovechar la tendencia natural de los bebés ha hacer gestos (lanzar besos, decir adiós...).
Los resultados de sus investigaciones han puesto de manifiesto que con esta vía de comunicación precoz no sólo los padres consiguen comprender mucho mejor a sus hijos y sus necesidades y ellos se frustran mucho menos al ser capaces de comunicarse mejor, sino que además estos desarrollan capacidades que enriquecen sobremanera su comprensión del lenguaje.
* La magia de desarrollar la inteligencia de nuestros hijos de Teresa López y Paloma Matías. El libro pensado para niños de a partir de tres años, tiene doce capítulos, cada uno de ellos aborda una situación diferente y cotidiana de la vida diaria: el desayuno, jugar en el parque, la hora de comer... La idea de las autoras es darnos pistas para hacer de cada momento del día a día una experiencia de aprendizaje.
Sus autoras son maestras y licenciadas en psicología. Ambas han ejercido la docencia directa en distintas etapas educativas y desde distintas funciones (tutoras de aula, profesoras de apoyo, puestos en la administración educativa, formación del profesorado, escuelas de padres...). Durante la última década su función principal ha sido la de orientadoras educativas. La redacción del libro recoge aquellas experiencias que han resultado útiles para un gran número de familias.
* Hablando nos entendemos los dos es un manual muy utilizado por padres cuyos hijos presentan un retraso en el lenguaje que aplica la filosofía del método Hanen, seguir los intereses del niño, ponerse a su altura, facilitar la comunicación indirecta... pero resulta igualmente útil para padres de niños sin ningún problema.
* Primeras habilidades del bebé, juegos creativos para favorecer el desarrollo durante el primer año de Miriam Stoppard. El primer año del bebé es determinante en el desarrollo futuro de las habilidades sociales, intelectuales y motrices del niño y con las herramientas que provee este libro se puede sacar el mayor provecho de las habilidades natas del bebé.
* Con los ojos cerrados, la primera guía para enseñar a tus hijos a pensar de Angels Ponce ayuda a potenciar los pensamientos positivos, a trabajar desde muy niños el optimismo.
* Conocimiento del entorno. 100 ideas para descubrir, comprender, experimentar, interaccionar y comunicarse con el mundo de A. Thwaites. Un libro sencillo y muy práctico. Ofrece cien ideas, actividades o sugerencias, de fácil realización y nada costosas, que utilizan siempre recursos corrientes. Desde el primer mes de vida hasta los seis años.
* Juego musical y aprendizaje. Estimulación del desarrollo y la creatividad infantil de Alix Zorrillo Pallavicino. Saber música no es sólo cantar o tocar un instrumento, la música, disfrutar y jugar con las canciones y los instrumentos, estimulan el desarrollo integral del niño (intelectual, motriz, lenguaje…) dándole, además, la base para el desarrollo de sus aptitudes y conocimientos musicales.
* 150 juegos para la estimulación adecuada. De 0 a 3 años. Jorge Batllori y Víctor Escandell. En este libro hay 150 actividades, agrupadas por etapas: de 0 a 3 meses, de 3 a 6 meses, de 6 a 9 meses, de 9 a 12 meses, de 1 a 2 años y de 2 a 3 años.
* La estimulación temprana bien entendida consiste en compartir tiempo de juego y risas para ayudar a desarrollarse a los bebés sin forzar nada.
* En el mercado hay muchos manuales que pueden ayudar a los padres a potenciar las habilidades de sus hijos.
Muchos cuando oyen a unos padres interesados en la estimulación temprana de sus hijos, en seguida piensan en unos padres empeñados en tener un niño superdotado, forzando a su hijo con todo tipo de actividades aburridas y queriendo que toque el piano a los seis años.
Nada más lejos de la realidad de muchas familias. La estimulación temprana bien entendida consiste en compartir tiempo de juego y risas con los niños. En pasarlo bien tanto los padres como los hijos. Trata de que los padres, al tiempo que se divierten, ayuden a sus bebés a desarrollarse de una manera saludable sin forzar nada.
Respetar los ritmos de cada niño es fundamental. Pero ese respeto no está reñido con una estimulación adecuada que les ayude a sacar todo su potencial
No hay que obsesionarse con las escalas de desarrollo y pretender que el niño esté siempre por encima de la media, tampoco marcarse programas y horarios rígidos ni ser un experto en estimulación temprana.
De hecho estimular a los bebés de la forma adecuada es algo que les sale de manera instintiva a casi todos los padres. Y prácticamente todos los juegos tradicionales como los cinco lobitos, los juegos de cosquillas, las canciones típicamente infantiles... es precisamente lo que hacen: estimular la inteligencia de nuestros bebés.
Hay en el mercado una cantidad enorme de libros muy interesantes en este sentido. Aquí hay una selección, que incluye tanto clásicos como Los gestos del bebé hasta recientes lanzamientos como La magia de desarrollar la inteligencia de nuestros hijos.
* Los gestos del bebé, cómo hablar con tu hijo antes de que él sepa hablar de Linda Acredolo y Susan Goodwyn es un ejercicio magnífico de comunicación temprana. Las autoras proporcionan a los padres un programa simple, divertido y paso a paso para enseñar a bebes de entre uno u dos años a combinar la utilización de gestos y signos además de palabras para comunicarse.Se trata de aprovechar la tendencia natural de los bebés ha hacer gestos (lanzar besos, decir adiós...).
Los resultados de sus investigaciones han puesto de manifiesto que con esta vía de comunicación precoz no sólo los padres consiguen comprender mucho mejor a sus hijos y sus necesidades y ellos se frustran mucho menos al ser capaces de comunicarse mejor, sino que además estos desarrollan capacidades que enriquecen sobremanera su comprensión del lenguaje.
* La magia de desarrollar la inteligencia de nuestros hijos de Teresa López y Paloma Matías. El libro pensado para niños de a partir de tres años, tiene doce capítulos, cada uno de ellos aborda una situación diferente y cotidiana de la vida diaria: el desayuno, jugar en el parque, la hora de comer... La idea de las autoras es darnos pistas para hacer de cada momento del día a día una experiencia de aprendizaje.
Sus autoras son maestras y licenciadas en psicología. Ambas han ejercido la docencia directa en distintas etapas educativas y desde distintas funciones (tutoras de aula, profesoras de apoyo, puestos en la administración educativa, formación del profesorado, escuelas de padres...). Durante la última década su función principal ha sido la de orientadoras educativas. La redacción del libro recoge aquellas experiencias que han resultado útiles para un gran número de familias.
* Hablando nos entendemos los dos es un manual muy utilizado por padres cuyos hijos presentan un retraso en el lenguaje que aplica la filosofía del método Hanen, seguir los intereses del niño, ponerse a su altura, facilitar la comunicación indirecta... pero resulta igualmente útil para padres de niños sin ningún problema.
* Primeras habilidades del bebé, juegos creativos para favorecer el desarrollo durante el primer año de Miriam Stoppard. El primer año del bebé es determinante en el desarrollo futuro de las habilidades sociales, intelectuales y motrices del niño y con las herramientas que provee este libro se puede sacar el mayor provecho de las habilidades natas del bebé.
* Con los ojos cerrados, la primera guía para enseñar a tus hijos a pensar de Angels Ponce ayuda a potenciar los pensamientos positivos, a trabajar desde muy niños el optimismo.
* Conocimiento del entorno. 100 ideas para descubrir, comprender, experimentar, interaccionar y comunicarse con el mundo de A. Thwaites. Un libro sencillo y muy práctico. Ofrece cien ideas, actividades o sugerencias, de fácil realización y nada costosas, que utilizan siempre recursos corrientes. Desde el primer mes de vida hasta los seis años.
* Juego musical y aprendizaje. Estimulación del desarrollo y la creatividad infantil de Alix Zorrillo Pallavicino. Saber música no es sólo cantar o tocar un instrumento, la música, disfrutar y jugar con las canciones y los instrumentos, estimulan el desarrollo integral del niño (intelectual, motriz, lenguaje…) dándole, además, la base para el desarrollo de sus aptitudes y conocimientos musicales.
* 150 juegos para la estimulación adecuada. De 0 a 3 años. Jorge Batllori y Víctor Escandell. En este libro hay 150 actividades, agrupadas por etapas: de 0 a 3 meses, de 3 a 6 meses, de 6 a 9 meses, de 9 a 12 meses, de 1 a 2 años y de 2 a 3 años.
A los 7 meses los bebés ya distinguen las emociones en la voz igual que los adultos
A los 7 meses los bebés ya distinguen las emociones en la voz igual que los adultos
A los 7 meses los bebés ya distinguen las emociones en la voz igual que los adultos (Imagen: LA Fertility Institutes)
La sensibilidad a la voz surge entre los cuatro y los siete meses de edad. (Imagen: LA Fertility Institutes)
* Investigaron cuándo durante el desarrollo las regiones de la corteza temporal se volvían sensibles a la voz humana.
* Este descubrimiento podría proporcionar información y ayudar a la detección temprana de trastornos del neurodesarrollo como el autismo.
El cerebro de los bebés a los siete meses demuestra una sensibilidad ante la voz humana y las emociones comunicadas a través de la voz que es muy similar a la observada en el cerebro de los adultos, según un estudio de la Universidad de Londres en Reino Unido que se publica en la revista 'Neuron'.
El estudio prueba los orígenes del procesamiento de la voz en el cerebro humano y podría proporcionar información sobre los trastornos del neurodesarrollo como el autismo.
Los científicos del Centro de Desarrollo Cerebral y Cognitivo de la Universidad de Londres, dirigidos por Tobias Grossmann, realizaron su estudio en el laboratorio de Angela D. Friederici en el Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas Humanas y del Cerebro en Alemania.
Los investigadores utilizaron espectroscopia cercana al infrarrojo para investigar cuándo durante el desarrollo las regiones de la corteza temporal se volvían sensibles a la voz humana. Estas regiones corticales específicas han tienen un importante papel en el procesamiento del lenguaje hablado en los adultos.
En los humanos, la sensibilidad a la prosodia emocional es crucial para la comunicación socialEl equipo de Grossmann observó que los niños de siete meses y no los de cuatro meses mostraban mayores respuestas similares a las de los adultos en la corteza temporal como resultado de la voz humana en comparación con sonidos no vocálicos, lo que sugiere que la sensibilidad a la voz surge entre los cuatro y los siete meses de edad.
Otra cuestión importante a la que se dirige el estudio es si la actividad en las regiones cerebrales sensibles a la voz en los bebés está modulada por la prosodia emocional, que es la estructura rítmica emocional que puede reflejar los sentimientos de quien habla y que ayuda a transmitir el contexto del lenguaje.
Los investigadores observaron que una región sensible a la voz en la corteza temporal derecha mostraba una mayor actividad cuando los bebés de siete meses escuchaban palabras con prosodia emocional (enfado o felicidad). Se cree que tal modulación de la actividad cerebral por las señales emocionales es un mecanismo fundamental del cerebro para priorizar el procesamiento de estímulos significativos en el entorno.
"Nuestros descubrimientos demuestran que las regiones del cerebro sensibles a la voz están ya especializadas y moduladas por la información emocional a los siete meses de edad y plantean la posibilidad de que los procesos críticos del neurodesarrollo que subyacen a la alteración del procesamiento de la voz que se da en trastornos como el autismo podrían suceder antes de los 7 meses", explica Grossmann.
Por ello, el investigador concluye que en futuros trabajos su método será utilizado para evaluar diferencias individuales en las respuestas de los bebés ante voces y prosodia emocional y que podría servir como uno de los posibles marcadores que ayuden a la identificación precoz de los bebés con mayor riesgo de sufrir trastornos del desarrollo neurológicos.
A los 7 meses los bebés ya distinguen las emociones en la voz igual que los adultos (Imagen: LA Fertility Institutes)
La sensibilidad a la voz surge entre los cuatro y los siete meses de edad. (Imagen: LA Fertility Institutes)
* Investigaron cuándo durante el desarrollo las regiones de la corteza temporal se volvían sensibles a la voz humana.
* Este descubrimiento podría proporcionar información y ayudar a la detección temprana de trastornos del neurodesarrollo como el autismo.
El cerebro de los bebés a los siete meses demuestra una sensibilidad ante la voz humana y las emociones comunicadas a través de la voz que es muy similar a la observada en el cerebro de los adultos, según un estudio de la Universidad de Londres en Reino Unido que se publica en la revista 'Neuron'.
El estudio prueba los orígenes del procesamiento de la voz en el cerebro humano y podría proporcionar información sobre los trastornos del neurodesarrollo como el autismo.
Los científicos del Centro de Desarrollo Cerebral y Cognitivo de la Universidad de Londres, dirigidos por Tobias Grossmann, realizaron su estudio en el laboratorio de Angela D. Friederici en el Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas Humanas y del Cerebro en Alemania.
Los investigadores utilizaron espectroscopia cercana al infrarrojo para investigar cuándo durante el desarrollo las regiones de la corteza temporal se volvían sensibles a la voz humana. Estas regiones corticales específicas han tienen un importante papel en el procesamiento del lenguaje hablado en los adultos.
En los humanos, la sensibilidad a la prosodia emocional es crucial para la comunicación socialEl equipo de Grossmann observó que los niños de siete meses y no los de cuatro meses mostraban mayores respuestas similares a las de los adultos en la corteza temporal como resultado de la voz humana en comparación con sonidos no vocálicos, lo que sugiere que la sensibilidad a la voz surge entre los cuatro y los siete meses de edad.
Otra cuestión importante a la que se dirige el estudio es si la actividad en las regiones cerebrales sensibles a la voz en los bebés está modulada por la prosodia emocional, que es la estructura rítmica emocional que puede reflejar los sentimientos de quien habla y que ayuda a transmitir el contexto del lenguaje.
Los investigadores observaron que una región sensible a la voz en la corteza temporal derecha mostraba una mayor actividad cuando los bebés de siete meses escuchaban palabras con prosodia emocional (enfado o felicidad). Se cree que tal modulación de la actividad cerebral por las señales emocionales es un mecanismo fundamental del cerebro para priorizar el procesamiento de estímulos significativos en el entorno.
"Nuestros descubrimientos demuestran que las regiones del cerebro sensibles a la voz están ya especializadas y moduladas por la información emocional a los siete meses de edad y plantean la posibilidad de que los procesos críticos del neurodesarrollo que subyacen a la alteración del procesamiento de la voz que se da en trastornos como el autismo podrían suceder antes de los 7 meses", explica Grossmann.
Por ello, el investigador concluye que en futuros trabajos su método será utilizado para evaluar diferencias individuales en las respuestas de los bebés ante voces y prosodia emocional y que podría servir como uno de los posibles marcadores que ayuden a la identificación precoz de los bebés con mayor riesgo de sufrir trastornos del desarrollo neurológicos.
viernes, 22 de octubre de 2010
Los niños son más agresivos entre el primer y el cuarto año de vida
¿Es la violencia un componente intrínseco de la esencia humana? Los estudios neurobiológicos han avanzado de manera significativa en los últimos años para tratar de dar una respuesta a esta pregunta, centrándose en la genética y su interacción con los factores ambientales como componentes esenciales -variables necesarias pero no suficientes- en el desencadenamiento de los comportamientos agresivos o antisociales.
Los cuidados maternos modulan la expresión futura de los genes
Una de las investigaciones más sorprendentes en este sentido es la realizada por Richard Tremblay, de la Universidad de Montreal (Canadá). Las conclusiones señalan que el mayor índice de agresividad en los niños se da, en contra de la creencia general, entre el primer y el cuarto año de vida (y no en la adolescencia), antes de estar expuestos al ambiente familiar y a factores como la violencia televisiva.
Tremblay encontró que a los 17 meses de edad más de la mitad de las variaciones en las respuestas agresivas de los niños estaban directamente relacionadas con factores genéticos. Sin embargo, la violencia desciende a medida que los niños crecen, su cerebro madura y aprenden a controlar su comportamiento.
"Nuestros estudios demuestran que los niños no aprenden a agredir físicamente, sino que deben aprender a no hacerlo. Es fundamental que a los niños se les enseñe, durante los primeros años de vida, a reprimir los comportamientos violentos", afirma Tremblay. Los años de preescolar se convertirían así en la etapa clave a estudiar para entender la aparición y posterior desarrollo de comportamientos violentos en el ser humano.
Todos los niños de 18 meses que han seguido un desarrollo normal agreden físicamente; sin embargo, no todos lo hacen con la misma frecuencia o la misma fuerza. La cuestión que se plantea entonces es hasta qué punto las diferencias en las respuestas individuales se deben a factores genéticos o al ambiente en el que los niños han crecido.
De esta forma Tremblay inicia el estudio de las relaciones entre factores ambientales y genética, o más concretamente, estudia la epigenética. La epigenética es la rama de la biología molecular que estudia modificaciones del ADN que no afectan a su secuencia pero que modulan la expresión de los genes. Tremblay tomó como base los estudios realizados por Michael Meaney en los que por primera vez se demostró la relación directa entre los cuidados maternos y los cambios en la programación epigenética de las ratas. Así, las crías de las ratas que recibieron mayor atención y cuidado maternos durante la primera semana de vida resultaban menos temerosas y mostraban respuestas más moderadas en el eje hipotálamo-pituitario-suprarrenal, que regula la respuesta a estrés, que aquellas que no habían recibido cariño.
Los resultados muestran el poder de la epigenética para modular la expresión génica en función de unos determinados factores ambientales.
La dicotomía genes o ambiente se disuelve la primera vez que alguien demuestra que en realidad la violencia ni se aprende ni se hereda, sino que, más bien, es una combinación de los dos. Los profesores Terrie Moffit y Avashom Caspi, del Instituto de Psiquiatría del King's College de Londres, fueron los primeros en demostrar la relación directa entre el ambiente y un gen, el de la enzima MAOA (monoamina oxidasa), al estudiar desde su infancia a su madurez una población de chicos sometidos a diferentes grados de maltrato. Extrañamente algunos de ellos desarrollaban comportamientos antisociales y otros no.
Los estudios genéticos demostraron una relación directa entre una versión poco funcional del gen de la MAOA y comportamientos agresivos en niños que habían sido severamente maltratados. Un déficit crónico del nivel normal de MAOA provoca una alteración de los niveles de algunos neurotransmisores y puede producir una hiperactividad cerebral hacia cualquier amenaza o estímulo estresante.
El gen de la MAOA se sitúa en el cromosoma X, por lo que los hombres sólo tienen una copia del gen. Si la copia que reciben es de baja actividad no hay otra para compensarla, como puede ocurrir en el caso de las mujeres, que tienen dos copias del gen. Sin embargo hay otros factores que podrían explicar la menor frecuencia de comportamientos agresivos determinados genéticamente en la mujer.
Los genes y el ambiente
David Gallardo-Pujol y Antonio Andrés Pueyo, de la Unidad de Estudios Avanzados en Violencia de la Universidad de Barcelona, se dedican en nuestro país a llevar a la práctica las teorías expuestas por Caspi y Moffit hace ahora cinco años. Evalúan distintos componentes de la respuesta agresiva en situaciones de laboratorio que sirven para producir respuestas agresivas análogas a las que acontecen en condiciones naturales. En ellas valoran también aspectos de personalidad como la hostilidad o la agresividad y respuestas emocionales como la ira.
"Nuestro estudio pretende establecer la influencia de los genes y el ambiente de forma causal en el comportamiento violento en humanos", explica Gallardo-Pujol. La pregunta es si podemos prevenirlo. Según Andrés Pueyo: "En la actualidad estamos muy lejos de poder aplicar una terapia farmacológica específica para los comportamientos violentos. En el futuro es posible que la farmacogenómica desarrolle tratamientos más personalizados (como en el caso del cáncer). Pero no debemos olvidar que también se puede intervenir en el entorno ambiental donde los niños crecen y adquieren sus habilidades y competencias".
En cuanto al peligro de caer en el determinismo, ambos especialistas coinciden: "Un resultado paradójico de los estudios de las relaciones entre los genes y el ambiente, que son ambos factores deterministas, es que han descubierto la relevancia del papel activo del individuo en la formación de su personalidad y su comportamiento".
Los cuidados maternos modulan la expresión futura de los genes
Una de las investigaciones más sorprendentes en este sentido es la realizada por Richard Tremblay, de la Universidad de Montreal (Canadá). Las conclusiones señalan que el mayor índice de agresividad en los niños se da, en contra de la creencia general, entre el primer y el cuarto año de vida (y no en la adolescencia), antes de estar expuestos al ambiente familiar y a factores como la violencia televisiva.
Tremblay encontró que a los 17 meses de edad más de la mitad de las variaciones en las respuestas agresivas de los niños estaban directamente relacionadas con factores genéticos. Sin embargo, la violencia desciende a medida que los niños crecen, su cerebro madura y aprenden a controlar su comportamiento.
"Nuestros estudios demuestran que los niños no aprenden a agredir físicamente, sino que deben aprender a no hacerlo. Es fundamental que a los niños se les enseñe, durante los primeros años de vida, a reprimir los comportamientos violentos", afirma Tremblay. Los años de preescolar se convertirían así en la etapa clave a estudiar para entender la aparición y posterior desarrollo de comportamientos violentos en el ser humano.
Todos los niños de 18 meses que han seguido un desarrollo normal agreden físicamente; sin embargo, no todos lo hacen con la misma frecuencia o la misma fuerza. La cuestión que se plantea entonces es hasta qué punto las diferencias en las respuestas individuales se deben a factores genéticos o al ambiente en el que los niños han crecido.
De esta forma Tremblay inicia el estudio de las relaciones entre factores ambientales y genética, o más concretamente, estudia la epigenética. La epigenética es la rama de la biología molecular que estudia modificaciones del ADN que no afectan a su secuencia pero que modulan la expresión de los genes. Tremblay tomó como base los estudios realizados por Michael Meaney en los que por primera vez se demostró la relación directa entre los cuidados maternos y los cambios en la programación epigenética de las ratas. Así, las crías de las ratas que recibieron mayor atención y cuidado maternos durante la primera semana de vida resultaban menos temerosas y mostraban respuestas más moderadas en el eje hipotálamo-pituitario-suprarrenal, que regula la respuesta a estrés, que aquellas que no habían recibido cariño.
Los resultados muestran el poder de la epigenética para modular la expresión génica en función de unos determinados factores ambientales.
La dicotomía genes o ambiente se disuelve la primera vez que alguien demuestra que en realidad la violencia ni se aprende ni se hereda, sino que, más bien, es una combinación de los dos. Los profesores Terrie Moffit y Avashom Caspi, del Instituto de Psiquiatría del King's College de Londres, fueron los primeros en demostrar la relación directa entre el ambiente y un gen, el de la enzima MAOA (monoamina oxidasa), al estudiar desde su infancia a su madurez una población de chicos sometidos a diferentes grados de maltrato. Extrañamente algunos de ellos desarrollaban comportamientos antisociales y otros no.
Los estudios genéticos demostraron una relación directa entre una versión poco funcional del gen de la MAOA y comportamientos agresivos en niños que habían sido severamente maltratados. Un déficit crónico del nivel normal de MAOA provoca una alteración de los niveles de algunos neurotransmisores y puede producir una hiperactividad cerebral hacia cualquier amenaza o estímulo estresante.
El gen de la MAOA se sitúa en el cromosoma X, por lo que los hombres sólo tienen una copia del gen. Si la copia que reciben es de baja actividad no hay otra para compensarla, como puede ocurrir en el caso de las mujeres, que tienen dos copias del gen. Sin embargo hay otros factores que podrían explicar la menor frecuencia de comportamientos agresivos determinados genéticamente en la mujer.
Los genes y el ambiente
David Gallardo-Pujol y Antonio Andrés Pueyo, de la Unidad de Estudios Avanzados en Violencia de la Universidad de Barcelona, se dedican en nuestro país a llevar a la práctica las teorías expuestas por Caspi y Moffit hace ahora cinco años. Evalúan distintos componentes de la respuesta agresiva en situaciones de laboratorio que sirven para producir respuestas agresivas análogas a las que acontecen en condiciones naturales. En ellas valoran también aspectos de personalidad como la hostilidad o la agresividad y respuestas emocionales como la ira.
"Nuestro estudio pretende establecer la influencia de los genes y el ambiente de forma causal en el comportamiento violento en humanos", explica Gallardo-Pujol. La pregunta es si podemos prevenirlo. Según Andrés Pueyo: "En la actualidad estamos muy lejos de poder aplicar una terapia farmacológica específica para los comportamientos violentos. En el futuro es posible que la farmacogenómica desarrolle tratamientos más personalizados (como en el caso del cáncer). Pero no debemos olvidar que también se puede intervenir en el entorno ambiental donde los niños crecen y adquieren sus habilidades y competencias".
En cuanto al peligro de caer en el determinismo, ambos especialistas coinciden: "Un resultado paradójico de los estudios de las relaciones entre los genes y el ambiente, que son ambos factores deterministas, es que han descubierto la relevancia del papel activo del individuo en la formación de su personalidad y su comportamiento".
viernes, 8 de octubre de 2010
El CEREBRO COMPLEMENTA
El CEREBRO COMPLEMENTA
CONSIGUES LEER LAS PRIMERAS PALABRAS, EL CEREBRO DESCIFRARA LAS OTRAS. C13R70
D14
D3
V3R4N0
3574B4
3N
L4
PL4Y4
0853RV4ND0
A D05 CH1C45
8R1NC4ND0 3N 14 4R3N4,
357484N 7R484J484ND0 MUCH0
C0N57RUY3ND0 UN C4571LL0
D3 4R3N4 C0N 70RR35,
P454D1Z05 0CUL705 Y PU3N735.
CU4ND0 357484N 4C484ND0
V1N0 UN4 0L4 D357RUY3ND0
70D0 R3DUC13ND0 3L C4571LL0
4 UN M0N70N D3 4R3N4 Y 35PUM4.
P3N53 9U3 D35PU35 DE 74N70 35FU3RZ0 L45 CH1C45 C0M3NZ4R14N 4 L10R4R, P3R0 3N V3Z D3 350, C0RR13R0N P0R L4 P14Y4 R13ND0 Y JU64ND0 Y C0M3NZ4R0N 4 C0N57RU1R 07R0 C4571LL0; C0MPR3ND1 9U3 H4814 4PR3ND1D0 UN4 6R4N L3CC10N; 64574M05 MUCH0 713MP0 D3 NU357R4 V1D4 C0N57RUY3ND0 4L6UN4 C054 P3R0 CU4ND0 M45 74RD3 UN4 0L4 LL1364 4 D357RU1R 70D0, S010 P3RM4N3C3 L4 4M1574D, 3L 4M0R Y 3L C4R1Ñ0, Y L45 M4N05 D3 49U3LL05 9U3 50N C4P4C35 D3 H4C3RN05 50NRR31R.
D14
D3
V3R4N0
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L4
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El efecto de golpes-traumas y alteraciones del lóbulo frontal
El efecto de golpes-traumas y alteraciones del lóbulo frontal
Alan Rosembaum (7) realizó un estudio en los que descubre que los traumas cerebrales anteceden cambios de conducta predisponiendo hacia un incremento en violencia. Muchas de estas lesiones fueron adquiridas en la infancia tanto bajo juegos como en accidentes o producto de maltrato infantil. Su estudio fue realizado con 53 hombres que golpeaban a sus esposas, 45 hombres no-violentos y felizmente casados, y 32 hombres no-violentos pero infelizmente casados. 50% de los agresores habían sufrido alguna lesión en la cabeza previa a sus patrones de violencia doméstica.
De otra parte, Antonio Damasio (8) sugiere que daños al lóbulo frontal a nivel de la corteza cerebral puede evitar que la persona pueda formarse evaluaciones de valor positivo o negativo al crear imágenes y representaciones sobre los resultados, repercusiones y consecuencias futuras de acciones al presente creando las bases de ciertas conductas sociopáticas. Estudios de Antoine Bechara (9) confirman la correlación entre lesiones de la corteza en el lóbulo frontal y conductas peligrosas tales como "hacer daño solo por divertirse".
Estudios con PET (tomografía de emisiones positrónicas; mide el insumo de glucosa al cerebro) realizados por Adrian Raine (10) demuestran que niveles bajo de glucosa a la corteza pre-frontal son frecuentes en los asesinos (sus estudios son preliminares; la muestra fue de 22 asesinos confesos con 22 no-asesinos de control) Bajos niveles de glucosa están asociados con perdida de auto-control, impulsividad, falta de tacto, incapacidad de modificar o inhibir conducta, pobre juicio social. Los autores de este estudio plantean que esta condición orgánica debe interactuar con condiciones negativas del ambiente para que la persona entonces cree un estilo de vida y personalidad delincuente y violenta de forma más o menos permanente.
Efectos Nutricionales
Katherine y Kenneth Rowe (12) estudiaron grupos de niños diagnosticados con hiperactividad. Los padres les daban alimentos con colorantes como parte de sus dietas regulares. El estudio consistió en una dieta con el colorante Amarillo #5 y placebos para el grupo control. El reporte de los padres y observadores fue que se manifestó un incremento en conductas de llanto frecuente, rabietas, irritabilidad, inquietud, dificultad de conciliar el sueño, pérdida de control, y expresiones de infelicidad. Muchas de estas conductas son precisamente las que les crean problemas de ajuste escolar limitando su aprendizaje e integración a las reglas del salón de clases.
Trastornos hormonales
Ante el hecho obvio de que el hombre tiende a mostrarse más agresivo que las mujeres, las hormonas masculinas - la testosterona- ha sido objeto de estudio en la conducta violenta. James Dabbs (13) estudió 4,4462 sujetos masculinos encontrando una alta incidencia y correlación entre delincuencia, abuso de drogas tendencias hacia los excesos y riesgos en aquellos que tenían niveles más altos de lo normal y aceptable en la testosterona. En las cárceles encontró que aquellos convictos de crímenes más violentos fueron los que más altos niveles de testosterona reportaron. También encontró en los estudios de saliva de 692 convictos por crímenes sexuales que estos tenían el nivel más alto entre todos.
Alteraciones en conducta por hiperactividad orgánica
Rachel Gittelman (14) sostiene que varones hiperactivos muestran una tendencia alta de riesgo a entrar en conducta antisocial en la adolescencia. Esta tendencia es cuatro veces mayor a la de jóvenes que no son hiperactivos, y parecen tener historiales de más incidentes de arrestos, robos en la escuela, expulsión, felonías, etc. 25% de los participantes en el estudio habían sido institucionalizados por conducta antisocial.
Alan Rosembaum (7) realizó un estudio en los que descubre que los traumas cerebrales anteceden cambios de conducta predisponiendo hacia un incremento en violencia. Muchas de estas lesiones fueron adquiridas en la infancia tanto bajo juegos como en accidentes o producto de maltrato infantil. Su estudio fue realizado con 53 hombres que golpeaban a sus esposas, 45 hombres no-violentos y felizmente casados, y 32 hombres no-violentos pero infelizmente casados. 50% de los agresores habían sufrido alguna lesión en la cabeza previa a sus patrones de violencia doméstica.
De otra parte, Antonio Damasio (8) sugiere que daños al lóbulo frontal a nivel de la corteza cerebral puede evitar que la persona pueda formarse evaluaciones de valor positivo o negativo al crear imágenes y representaciones sobre los resultados, repercusiones y consecuencias futuras de acciones al presente creando las bases de ciertas conductas sociopáticas. Estudios de Antoine Bechara (9) confirman la correlación entre lesiones de la corteza en el lóbulo frontal y conductas peligrosas tales como "hacer daño solo por divertirse".
Estudios con PET (tomografía de emisiones positrónicas; mide el insumo de glucosa al cerebro) realizados por Adrian Raine (10) demuestran que niveles bajo de glucosa a la corteza pre-frontal son frecuentes en los asesinos (sus estudios son preliminares; la muestra fue de 22 asesinos confesos con 22 no-asesinos de control) Bajos niveles de glucosa están asociados con perdida de auto-control, impulsividad, falta de tacto, incapacidad de modificar o inhibir conducta, pobre juicio social. Los autores de este estudio plantean que esta condición orgánica debe interactuar con condiciones negativas del ambiente para que la persona entonces cree un estilo de vida y personalidad delincuente y violenta de forma más o menos permanente.
Efectos Nutricionales
Katherine y Kenneth Rowe (12) estudiaron grupos de niños diagnosticados con hiperactividad. Los padres les daban alimentos con colorantes como parte de sus dietas regulares. El estudio consistió en una dieta con el colorante Amarillo #5 y placebos para el grupo control. El reporte de los padres y observadores fue que se manifestó un incremento en conductas de llanto frecuente, rabietas, irritabilidad, inquietud, dificultad de conciliar el sueño, pérdida de control, y expresiones de infelicidad. Muchas de estas conductas son precisamente las que les crean problemas de ajuste escolar limitando su aprendizaje e integración a las reglas del salón de clases.
Trastornos hormonales
Ante el hecho obvio de que el hombre tiende a mostrarse más agresivo que las mujeres, las hormonas masculinas - la testosterona- ha sido objeto de estudio en la conducta violenta. James Dabbs (13) estudió 4,4462 sujetos masculinos encontrando una alta incidencia y correlación entre delincuencia, abuso de drogas tendencias hacia los excesos y riesgos en aquellos que tenían niveles más altos de lo normal y aceptable en la testosterona. En las cárceles encontró que aquellos convictos de crímenes más violentos fueron los que más altos niveles de testosterona reportaron. También encontró en los estudios de saliva de 692 convictos por crímenes sexuales que estos tenían el nivel más alto entre todos.
Alteraciones en conducta por hiperactividad orgánica
Rachel Gittelman (14) sostiene que varones hiperactivos muestran una tendencia alta de riesgo a entrar en conducta antisocial en la adolescencia. Esta tendencia es cuatro veces mayor a la de jóvenes que no son hiperactivos, y parecen tener historiales de más incidentes de arrestos, robos en la escuela, expulsión, felonías, etc. 25% de los participantes en el estudio habían sido institucionalizados por conducta antisocial.
lunes, 6 de septiembre de 2010
La fiebre infantil
Las fiebres son una señal de que el cuerpo está luchando contra una infección; por lo tanto, usted debe evitar dar medicamento si su niño tiene fiebre baja, es decir fiebre que no es más alta que 100.2°F (37,89°C). La principal razón para tratar a su niño es para hacer que él o ella se sienta mejor. Cuando su niño está adolorido y quisquilloso, o si la temperatura del niño es mayor que 100,2°F (37,89°C) usted puede darle algún medicamento.
Estas son algunas de las cosas que se podrian hacer si su niño presenta fierbre.
Dele a su niño líquidos en abundancia para prevenir la deshidratación (no tener suficiente líquido en el cuerpo) y ayudar a que el cuerpo se enfríe por su propia cuenta.
Asegúrese de que su niño descanse bastante.
Mantenga la temperatura ambiental más o menos entre 70°F y 74°F (21,11°C y 23,33°C).
Vista a su hijo con piyamas delgadas de algodón de modo tal que el calor del cuerpo pueda escapar.
Si su niño tiene escalofrío, colóquele una cobija adicional pero quítesela cuando le pase el escalofrío.
Consejos acerca de cómo dar medicamento
No administre más de 5 dosis en un día
No le dé a un bebé menor de cuatro meses medicamento a menos que su médico de familia le diga que lo haga.
Lea los rótulos con cuidado. Asegúrese de que le está dando a su niño la cantidad correcta de medicamento.
Si está usando gotas llene el gotero hasta la marca.
Para jarabe líquido use un dispositivo para medir líquidos para asegurarse de que está dando la dosis correcta. Consiga uno en la farmacia o pídale uno a su farmacéutico.
Estas son algunas de las cosas que se podrian hacer si su niño presenta fierbre.
Dele a su niño líquidos en abundancia para prevenir la deshidratación (no tener suficiente líquido en el cuerpo) y ayudar a que el cuerpo se enfríe por su propia cuenta.
Asegúrese de que su niño descanse bastante.
Mantenga la temperatura ambiental más o menos entre 70°F y 74°F (21,11°C y 23,33°C).
Vista a su hijo con piyamas delgadas de algodón de modo tal que el calor del cuerpo pueda escapar.
Si su niño tiene escalofrío, colóquele una cobija adicional pero quítesela cuando le pase el escalofrío.
Consejos acerca de cómo dar medicamento
No administre más de 5 dosis en un día
No le dé a un bebé menor de cuatro meses medicamento a menos que su médico de familia le diga que lo haga.
Lea los rótulos con cuidado. Asegúrese de que le está dando a su niño la cantidad correcta de medicamento.
Si está usando gotas llene el gotero hasta la marca.
Para jarabe líquido use un dispositivo para medir líquidos para asegurarse de que está dando la dosis correcta. Consiga uno en la farmacia o pídale uno a su farmacéutico.
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